Hincha las velas un viento de pasiones encendido y un cante como un lamento sale envuelto entre quejios, dibujando el firmamento de sentimiento y suspiros... La Copla es el pentagrama de un corazón malherido...
domingo, 15 de octubre de 2017
Imperio Argentina... Italia y España (4ª parte)
Tras su sonada y difícil separación de Florián Rey parte a Italia desde Alemania prácticamente con lo puesto, para intervenir en el que sería uno de sus títulos más ambiciosos, una versión de "Tosca" (1940) dirigida por Jean Renoir. Sin embargo para decepción de la artista, Renoir abandona el proyecto a los pocos días ante la inminente entrada de Italia en la guerra como aliada del régimen nazi, marchando a Francia con su ayudante un joven y prometedor Luchino Visconti. La película quedaría en manos del alemán Carl Koch, infinitamente menos interesante, pero que lograría una buena reconstrucción histórica rodando gran parte del material en las calles, iglesias y castillos de Roma, lo que da a la cinta una ambientación monumental y clásica que va muy bien a la historia. Imperio cumplió como actriz y estuvo exquisita como cantante entonando con su buen gusto habitual la cavatina de Paisiello "Caro mio ben", dejando el compromiso de las inmortales arias de Puccini a la soprano Mafalda Favero que interpreta el célebre "Vissi d´arte" durante los títulos de crédito del filme. Sus compañeros de reparto fueron un jovencísimo y casi irreconocible Rossano Brazzi como Mario Cavaradossi y el gran actor francés Michel Simon en el papel del tiránico y odioso Barón Scarpia, gobernador de la ciudad de Roma.
En 1942 regresa a España para participar en uno de los proyectos más caros filmados hasta entonces por nuestra cinematográfica y que a la postre se convertiría en el último título importante de su época dorada, el filme "Goyescas" (1942) versión libre de la ópera de Granados dirigido por Benito Perojo. Ambientada en el Madrid de Goya, reproducido con gran lujo de detalles en los estudios Chamartín e inspirad0 en gran parte en los cuadros del pintor aragonés, algunos de los cuales serían literalmente retratados en la película, "Goyescas" se convertiría en un gran éxito gracias a la competente dirección de Perojo, que lograría una entretenida historia donde Imperio se luce a sus anchas en el doble papel de la aristocrática Condesa de Gualda y la tonadillera Petrilla, dos mujeres enfrentadas por la pasión y los celos. La actriz realiza un auténtico "tour de force" interpretativo, dotando de distintos matices a ambos personajes tanto en la parte declamada como en la musical, convirtiéndose en maja de redecilla y tonadilla cuando aparece como Petrilla abriendo la película con un inolvidable "¡Olé Catapúm!" o entonando con depurada técnica y frágil lirismo el aria "La maja y el ruiseñor" en el papel de la señorona Duquesa vestida de rasos y peluca empolvada. Fue muy alabado el esfuerzo técnico del realizador, inusual para la época, que lograba unir a ambas "Imperios" frente a frente en diferentes escenas de la película. La estrella contó con dos galanes en la historia, uno para cada uno de sus personajes, el sólido Rafael Rivelles, con quién la artista vivía por entonces una apasionada relación y un joven y casi debutante Armando Calvo, a punto de convertirse en uno de los actores más importantes de aquellos años gracias a títulos como "El escándalo" (1943) de José Luis Sáenz de Heredia o la epopeya militar "Los últimos de Filipinas" (1945) dirigida por Antonio Román. La película fue presentada con gran éxito en la Biennale veneciana obteniendo un premio en dicho certamen, lo que permitió que fuese estrenada en todo el mundo, restituyendo parte del prestigio obtenido por la artista antes de la guerra civil, empezando a forjarse el mito.
Tras el rodaje de "Goyescas" la actriz rompe su relación con Rafael Rivelles, oculta a los ojos de la pacata sociedad de entonces para la que sería piedra de escándalo al no estar casados e inicio un idilio con el poeta Joaquín Goyanes fruto del cual nacería su segunda hija, Alejandra.
Tras el éxito de su anterior película Imperio se embarca en un interesante y sin embargo fallido proyecto. "Bambú" (1945) tenía todos los ingredientes para convertirse en un nuevo éxito en su carrera, la presencia de la artista plena de facultades aún, la dirección de José Luis Sáenz de Heredia, uno de los más importantes y respetados realizadores de la época y la música de Ernesto Halffter discípulo de Manuel de Falla y único compositor considerado heredero de su talento. Sin embargo ninguna de estas ventajas salvaron a esta historia ambientada en la Cuba colonial del aburrimiento y el fiasco comercial. Parece ser que la estrella no se entendió bien con Saenz de Heredia, lo que hizo que no se metiese de lleno en la piel de un personaje que de entrada presentaba sus dificultades, ya que interpretaba a una indígena adolescente cuando contaba con treinta y cinco años de edad, la diferencia se hacia aún más acuciante frente a la insolente juventud de la otra damita de la función una rubia y bellísima Sarita Montiel de 17 años. Aún así la película ha quedado como una cinta de curiosa revisión donde la voz de Imperio brilla en todo su esplendor al ritmo de las cadenciosas melodías de Halffter, apuntando lo que podía haber sido y no fue de haberse abordado el proyecto de un modo distinto.
Decepcionada con este fracaso y las oportunidades que recibía de un cine español otrora glorioso para ella, la estrella decide regresar a Argentina con vistas a realizar una serie de recitales en su país natal y continuar con su carrera en tierras americanas... (continuará)
lunes, 9 de octubre de 2017
Violetas Imperiales (1952) Richard Pottier
De las tres películas rodadas protagonizadas por Luis Mariano y Carmen Sevilla esta fue la más popular y la única escrita para la pantalla, ya que los otros dos títulos de la pareja fueron adaptaciones de operetas compuestas por Francis López para Mariano y estrenadas por éste en la escena francesa. La película marcó el cenit de la popularidad del cantante en España y contribuyó decisivamente a la proyección internacional de Carmen Sevilla. La historia ya había conocido dos versiones anteriores en el cine galo, ambas protagonizadas por la eximia Raquel Meller, la primera muda realizada en 1923 y la segunda sonora en 1932, dirigidas en las dos ocasiones por Henry Roussell.
Para la presente adaptación no se regatearon esfuerzos de producción. Decorados suntuosos, un espectacular vestuario y el empleo del color, tan escaso en los films de la época. El argumento mezclaba el tipismo de las escenas del Sacromonte granadino con el romanticismo decimonónico cuando la historia se trasladaba a la Corte de Napoleón III en París, asunto que permitía a Carmen realizar un espectacular transformación de humilde gitanilla a elegante dama de miriñaque y pamelas de raso en las que la belleza de la actriz resaltaba de un modo espectacular, ganándose el corazón de los franceses para los que se convirtió en una figura muy querida, lo que se tradujo en varias coproducciones con el país vecino que harían de ella la estrella española más internacional de los años 50 hasta la llegada de Sarita Montiel.
Los tres títulos protagonizados por la pareja se rodaron en régimen de coproducción, contando con un director para la versión francesa y otro para la española. No fue el caso de "Violetas Imperiales2 que fue dirigida en ambos casos por Richard Pottier, un habitual de los filmes de Mariano. Pottier era un artesano sencillo que supo poner en imágenes una historia entretenida y llena de encanto en la que lo que cuenta es el atractivo de sus protagonistas y la ocasión de disfrutar de un espectáculo en el que triunfa el amor y la alegría de vivir expresada a través de pegadizas canciones que conocieron una rápida popularidad e hicieron de Mariano una de las voces imprescindibles de la época.
Concha Piquer... Retirada y mito (5ª parte)
En 1951 rueda su última película en Argentina "Me casé con una estrella" dirigida por Luis César Amadori, donde una vez más la fuerza de la cinta se apoyaba en el recital realizado por la artista de algunas de sus canciones más conocidas, "La Parrala", "A la lima y al limón", "Lola puñales", "No me digas que no" o "No te mires en el río". Conchita tenía como partenaire al insufrible cómico porteño Luis Sandrini, muy popular en Argentina, pero cuyos chistes quedaban bastante diluidos fuera de este país.
Lejos de sus fracasos cinematográficos la artista volvió a reivindicar su reinado absoluto dentro de la canción española con el montaje de sus dos últimos espectáculos, quizás los más legendarios de su trayectoria, "Salero de España" (1953) y "Puente de coplas" (1957), donde estrenó número imperecederos como "Con divisa verde y oro", "La ruiseñora", "Rondalla de celos", "Amante de abril y mayo", "Cárcel de oro", "Mañana Sale", "Me embrujaste", "La niña de puerta oscura" o "Romance de valentía" que hoy forman parte de lo mejor de su repertorio.
Su retiro se produjo de manera sorpresiva en pleno éxito durante la gira de "Puente de coplas". La artista llevaba tiempo arrastrando las consecuencias de una faringitis mal curada y cantando en Isla Cristina (Huelva) el 13 de enero de 1958 le falló la voz. Tras finalizar el espectáculo la exigente profesional reunió a su compañía y les comunico "hoy es el último día que han visto cantar a la Piquer". Otras versiones aseguran que le salió un gallo ensayando en su camerino y escribió la famosa frase en el espejo con lápiz de labios. Lo único cierto es que Concha inició un tajante retiro que solo rompió en contadas ocasiones para la reedición en disco de sus éxitos más populares o algún homenaje que se le tributó donde volvió a cantar en directo
.
Su retirada en el momento de mayor gloria hizo que su mito fuese adquiriendo medidas cada vez mayores y la admiración hacia su trabajo y su persona fuese la constante que le acompañase hasta el final y aún tras su muerte, convirtiéndose en una de las artistas fundamentales del siglo XX, sobre las que más se ha escrito y estudiado a la hora de abordar el género. Se ha convertido en la regla, el modelo a seguir, el ejemplo más reconocido de sabiduría escénica e interpretativa de la canción española, la representante del sentimiento de toda una época. Murió en su piso de la Gran Vía madrileña el 11 de Diciembre de 1990 a los 82 años de edad, allí recibió los últimos aplausos de su público cuando el féretro se dirigía al Campo Santo. El respeto y la admiración que continúan despertando su nombre y su leyenda son innegables y su legado artístico nos permite seguir descubriendo como la grandeza abre de par en par las puertas de la inmortalidad.
domingo, 8 de octubre de 2017
Curiosidades y rareza... Lolita Sevilla y Luis Mariano en francés
A finales de los años cuarenta del siglo XX el cine español comienza a realizar sus primeras coproducciones, primero con México y Argentina y después con Francia principalmente, marcando una tímida apertura al bloqueo al que Europa y el resto del mundo había había sometido al régimen franquista por su apoyo al ideario político de Hitler durante la segunda guerra mundial. Tras la victoria aliada a mediados de los años cuarenta los ministros franquistas se encontraron con la necesidad de dar un giro ideológico de cara al exterior con el fin de no encontrarse completamente aislados. El cine fue uno de los medios usados como símbolo de esa apertura hacia nuevos mercados, firmándose los primeros contratos con figuras latinas como María Félix y Jorge Negrete, que fueron algunas de las primeras estrellas de otras cinematografías en rodar dentro de nuestro país. En Europa se hacía inevitable que las primeras colaboraciones se realizaran con Portugal y Francia, por su cercanía geográfica. En este sentido las primeras producciones importantes con una repercusión más allá de nuestras fronteras serían los filmes rodados en nuestro país por el tenor irunés Luis Mariano, exiliado en el Francia donde se había convertido un auténtico ídolo especialmente a través de sus operetas escénicas que le abrieron las puertas del cine galo. A partir de "El sueño de Andalucía" (1950) de Luis Lucia, esa popularidad se hizo extensiva a nuestro país donde ocupó un lugar único dentro del cine musical español, especialmente gracias a los tres títulos que rodó junto a Carmen Sevilla como pareja artística. En todos estos títulos y otros similares que llegarían después, se estableció un curioso régimen de producción en el cual se rodaba una versión española con elenco y director hispano y otra francesa en la que además de cambiar el realizador y parte del reparto por actores conocidos en aquel país, se añadían distintas escenas y números musicales que no aparecían en una u otra versión. Esto fue especialmente evidente en los primeros títulos del ciclo cuyo éxito comercial permitía disponer de amplios presupuestos que propiciaban el modelo.
Una vez finalizada la colaboración artística entre Mariano y Carmen, los productores intentaron seguir explotando el filón, colocando al artista en escenarios cargados de exótico tipismo. Así en 1954 con la intención de repetir la fórmula que tan buenos resultados había dado, se volvió a colocar al tenor con una belleza racial española, en este caso Lolita Sevilla en "Aventuras del barbero de Sevilla" un trasunto muy libre de la ópera de Beaumarchais dirigida por el eficaz Ladislao Vajda, director húngaro afincado en España. Confiando en el favor del público no se escatimaron medios, incluido el uso del color, un lujo raro en la producción española de la época, aunque como en este caso se tratase del primitivo sistema Gevacolor que ha desaparecido de la mayoría de las copias a las que fue aplicado.
sábado, 7 de octubre de 2017
Imperio Argentina ... Estrella de la pantalla (3ª parte)
Con "Nobleza baturra" (1935) Imperio dio muestras de su ductilidad como actriz, dando vida a la maña Pilar con idéntica credibilidad a la que pondría un año más tarde en el acento sevillano de la gitanilla Trini de "Morena Clara" (1936). Ante la necesidad de coger el acento aragonés para su personaje la actriz pasó varios meses viviendo con la familia de su marido, aragonés de nacimiento, y de este modo poner dar a su personaje la identidad necesaria. La película es una pequeña joya del cine popular que cuenta la historia de una mocita difamada por una copla maledicente, variante del tema de "La Dolores" y encierra un prodigio de contención dramática por parte de la estrella, muy alejada de los habituales gestos teatrales que tan habituales en el cine de la época, ya que la mayoría de sus actores provenían de esa escuela, que en cine quedaban harto exagerados. En el caso de Imperio se adivina una inteligencia interpretativa que se adaptada a la pantalla, donde nació y creció como intérprete, su estilo encaja perfectamente en este medio convirtiéndose en una de las primeras figuras españolas auténticamente cinematográficas. Con este título Imperio se apunta un tanto personal sin precedentes tanto dentro como fuera de nuestro país.
Pero todos sus triunfos anteriores palidecieron ante la que sería su película más emblemática, el papel que permanecerá eternamente asociado a su memoria. Basada en una obra teatral de Quintero y Guillén "Morena Clara" terminó de catapultar a la estrella, elevando su prestigio y popularidad a la altura de las más consagradas figuras de la pantalla. Guiados por la sabia batuta de un Florián Rey especialmente inspirado, tanto Imperio como Miguel Ligero brindaron una interpretación que diríase bendecida por el genio, su verborrea y chispa son irresistibles, especialmente en la célebre escena del juicio, a la par que su gusto como cantante alcanza cotas de absoluta perfección. Como era ya común en todos los títulos de la estrella, las canciones de la cinta alcanzaron una inmediata popularidad, pasando a formar parte de la memoria sentimental de varias generaciones. Es imposible citar esta película sin recordar la bellísima zambra "Falsa monea", las bulerías a dúo con Miguel Ligero "¡Échale guindas al pavo!" o la poesía magnífica de "El día que nací yo". La cinta se estrena en el cine Rialto de Madrid unos meses antes del estallido de la guerra civil, convirtiéndose en un fenómeno sin precedentes, tanto es así que permanece en cartel en este local hasta bien avanzada la contienda, proyectándose en ambos bando, siendo retirada únicamente de la zona republicana cuando se anuncia que Imperio y Florian se encuentran rodando una película en la Alemania nazi.
El estallido de la guerra civil sorprende a actriz y director en Francia preparando le pre producción de "La casta Susana", pero el proyecto se va retrasando por el conflicto bélico hasta cancelarse. Encontrándose en París y sin trabajo el matrimonio se traslada a Cuba donde Imperio es contratada para trabajar en la Habana. Durante su estancia en la isla reciben un telegrama de Goebbels, jefe de propaganda del tercer reith, invitándoles a rodar una película en su país poniendo todos los medios a su disposición. La pareja acepta el proyecto y cual es su sorpresa que a su llegada son recibidos en audiencia privada por el propio Führer que se confiesa gran admirador de la estrella española y hace los más encendidos elogios hacia su trabajo y su persona, según contaba la propia Imperio Hitler les dijo haber visto más de veinte veces "Nobleza baturra". Goebbels les propone realizar una versión de "Lola Montes" la amante de Luis II de Baviera, adaptada al clima político de la Alemania de la época en la que la protagonista se enamoraría de un oficial de las juventudes nazis. Florian declina este proyecto alegando que solo se sienten preparados para rodar argumentos de neta raíz española, proponiendo realizar una versión de la Carmen de Prospero Merimée, que daría lugar a "Carmen, la de Triana" (1938).
Para la crónica rosa cabe citar que durante la realización de esta película se gestó el romance entre Imperio y su galán en la cinta, Rafael Rivelles, traduciéndose años más tarde en una apasionada relación, según la propia estrella Rivelles fue el hombre a quién más amo en toda su vida. No sabemos si esta sería una de las causas del divorcio con Florian, lo cierto es que en aquella época su relación comenzaba a dar las primeras bocanadas, desembocando un año más tarde en la ruptura artística y sentimental de ambos.
Después de "Carmen" la pareja rodaría un segundo título en tierras germanas, "La canción de Aixa" (1939) que se convertiría en el único fracaso de la pareja y fin de una fructífera colaboración. No sabemos que les empujaría a embarcarse en un proyecto tal falso y aburrido, lleno de situaciones absurdas y moros de opereta. La crisis personal que ambos estaban atravesando en su matrimonio se refleja en la pantalla, Florian descuida la planificación de una película en la que no se siente cómodo, a la par que a la estrella se la ve perdida y desaprovechada en el exótico papel de la mestiza Aixa, personaje que ninguna actriz hubiera podido levantar por artificioso. Imperio intenta dar entidad a un personaje carente de vida, prestando su voz extraordinaria a unas canciones que hoy permanecen tan olvidadas como la película, a pesar de estar compuestas por Federico Moreno Torroba, autor de zarzuelas tan prestigiosas como "La chulapona" o "Luisa Fernanda". Sin embargo este título ha sido objeto recientemente de estudio por estar rodado en un momento histórico fundamental tanto de la carrera de ambos artistas como de nuestro cine, la etapa que pone fin al periodo republicano, dando inicio al cine filmado bajo la protección del régimen franquista... (continuará)
jueves, 5 de octubre de 2017
Coplas inmortales... "La bien pagá" (Perelló y Mostazo)
Es otro de los títulos imperecederos del género y al igual que en otros casos famosos parece ser que se estrenó con poco éxito hasta que un artista de la categoría de Miguel de Molina la incluyó en su repertorio en 1938 haciendo de ella una de las joyas más populares y amadas tanto de su repertorio como del catálogo de la Copla en general. Junto a "Ojos verdes" es uno de los puntales del género y uno de los títulos más versionados a lo largo de los años tanto en voz masculina como femenina ya que tuvo su particular adaptación cantada en primera persona por una mujer, que cambiaba el célebre estribillo "Te llaman la bien pagá" por "Me llaman la bien pagá", no obstante es un tema que adquiere mucha más fuerza en manos de un cantante masculino, donde sale disparada como un dardo de amor desengañado.
Al ser estrenado en plena guerra civil, en bando republicano y por un artista de declarada ideología izquierdista, estuvo bastante censurada durante la dictadura franquista, siendo principalmente reivindicada a partir de la llegada de la democracia. Fue llevada a la pantalla en diversas ocasiones, su magnífico creador la cantó en un filme casi autobiográfico rodado en su exilio argentino dirigido por Ramón Viñoly "Esta es mi vida" (1952), donde además de esta, Miguel de Molina presentaba un amplio surtido de sus más populares creaciones. La catalana Carmen Amaya, igualmente exilada, hizo una racial versión por bulerías en la película mexicana "Los amores de un torero" (1945) de José Díaz Morales. La primera en llevarla tardíamente a la pantalla española sería la estrellísima Sara Montiel en una de sus últimas películas dirigida por el maestro Juan Antonio Bardem, "Varietés" (1972), donde la artista ofrece una versión de matiz tan sensual como ella misma. Almodóvar la rescató, en una de sus habituales secuencias homenaje, para "¿Qué he hecho yo para merecer esto?" (1984) y por último el actor Manuel Bandera nos sorprendió con una enérgica y "aterciopelada" versión, muy cercana a la original, en "Las cosas del querer" (1989) de Jaime Chavarri.
Fue una de las coplas más reivindicadas durante el resurgimiento del género en los años 80 interpretada entre otros por Carlos Cano, Rocío Jurado, Martirio o el mismísimo Joaquín Sabina. En época más reciente Diana Navarro, Clara Montes o Miguel Poveda hicieron diferentes versiones en las que brilló la calidad vocal y personalidad de cada uno de ellos, pero sería la mexicana Chavela Vargas quien realizase la creación más personal con ese estilo desgarrado y "aguardentoso" que fue su marca de fábrica. Hoy día se alza como un clásico inmortal de la música española de todos los tiempos que sigue levantando el corazón con su sensibilidad descarada y descarnada a la vez...
Al ser estrenado en plena guerra civil, en bando republicano y por un artista de declarada ideología izquierdista, estuvo bastante censurada durante la dictadura franquista, siendo principalmente reivindicada a partir de la llegada de la democracia. Fue llevada a la pantalla en diversas ocasiones, su magnífico creador la cantó en un filme casi autobiográfico rodado en su exilio argentino dirigido por Ramón Viñoly "Esta es mi vida" (1952), donde además de esta, Miguel de Molina presentaba un amplio surtido de sus más populares creaciones. La catalana Carmen Amaya, igualmente exilada, hizo una racial versión por bulerías en la película mexicana "Los amores de un torero" (1945) de José Díaz Morales. La primera en llevarla tardíamente a la pantalla española sería la estrellísima Sara Montiel en una de sus últimas películas dirigida por el maestro Juan Antonio Bardem, "Varietés" (1972), donde la artista ofrece una versión de matiz tan sensual como ella misma. Almodóvar la rescató, en una de sus habituales secuencias homenaje, para "¿Qué he hecho yo para merecer esto?" (1984) y por último el actor Manuel Bandera nos sorprendió con una enérgica y "aterciopelada" versión, muy cercana a la original, en "Las cosas del querer" (1989) de Jaime Chavarri.
Fue una de las coplas más reivindicadas durante el resurgimiento del género en los años 80 interpretada entre otros por Carlos Cano, Rocío Jurado, Martirio o el mismísimo Joaquín Sabina. En época más reciente Diana Navarro, Clara Montes o Miguel Poveda hicieron diferentes versiones en las que brilló la calidad vocal y personalidad de cada uno de ellos, pero sería la mexicana Chavela Vargas quien realizase la creación más personal con ese estilo desgarrado y "aguardentoso" que fue su marca de fábrica. Hoy día se alza como un clásico inmortal de la música española de todos los tiempos que sigue levantando el corazón con su sensibilidad descarada y descarnada a la vez...
miércoles, 4 de octubre de 2017
Concha Piquer... Nace "La Piquer" (4ª parte)
Al finalizar la guerra civil, con sus primeros espectáculos a comienzos de los años cuarenta nace "La Piquer". La artista mítica que con su talento y sabiduría convierte la canción española en género autónomo con personalidad propia, convirtiendo su nombre en leyenda y su voz en icono de la posguerra. Hasta entonces la Copla se hallaba mezclada con el cuplé y las variedades y aunque ya tenía magníficos cultivadores, como Pastora Imperio, Miguel de Molina o Estrellita Castro, no estaba dotada de una entidad y estilo propios, ni poseía unas bases definidas. Con ayuda del mítico trío Antonio Quintero (escenógrafo), Rafael de León (letrista) y Manuel Quiroga (músico), Concha Piquer monta el espectáculo "Ropa tendida" (1942) que a decir de los entendidos supone el nacimiento del género como tal. En él la artista interpreta entre el delirio del público algunos de los temas que le harían famosa como "A la lima y al limón", "La Lirio", "Sevillanas del Espartero", "Almudena", "Eugenia de Montijo", "La Caramba" y "Dime que me quieres", canciones todas ellas inmortales que van conformando un catálogo lleno de belleza y calidad.
Nada más terminar la contienda civil se embarca en el difícil compromiso de sustituir a la gran Imperio Argentina en el universo cinematográfico de Florián Rey al protagonizar "La Dolores" (1939), basada en la ópera de Bretón y primera película del director aragonés tras la separación artística y sentimental de Imperio, que había sido su mujer y su musa durante la etapa de mayor esplendor de la carrera de ambos. Esta circunstancia se notó en la película, lo cual empaña la brillantez y acabado de un filme que se mantiene, por otro lado, en la mejor línea popular de su director, lo que no impide que a partir de entonces la carrera de Florián iniciase una progresiva decadencia, haciéndose cada vez menos interesante y rutinaria, hasta terminar dirigiendo una serie de películas de encargo desprovistas de todo interés y creatividad. Conchita se muestra, sin embargo, muy convincente como actriz y exquisita como cantante, logrando salir airosa de un cometido nada sencillo dadas las circunstancias.
Sin embargo donde la carrera de Conchita no encuentra parangón será en los escenarios. Con cada espectáculo estrenado durante estos años añade un nuevo quilate a la historia de la canción española, a la par que crece su fama de profesional seria y autoritaria y comenzaban a prodigarse sus idas y venidas de un lado a otro del Atlántico presentando sus mayores éxitos, que el acerbo popular acuñaría con la frase "viajas más que el baúl de la Piquer". Su indiscutible profesionalidad y afán de calidad le llevó a rodearse siempre de grandes figuras con la intención de ofrecer al público lo mejor. Por sus espectáculos pasarían artistas de la talla de Juanito Valderrama, Rafael Farina, "La niña de los Peines", Manolo Caracol, Amalia de Isaura, "Caracolillo", María Rosa y un largo etc.
Obras como "Retablo español" (1943-1944), "El puñal y la rosa" (1947) o "Tonadilla" (1949), llenaron el paisaje musical de los años cuarenta con éxitos como "Carcelera", "Ojitos de sol y sombra", "Romance de la Otra", "La guapa, guapa", "Cría cuervos" o "Romance de la reina Mercedes" entre otros. Todos estos espectáculos fueron pensados y creados para la estrella por Quintero, León y Quiroga, los autores que más títulos de éxito le regalaron a lo largo de su carrera formando una parte importante de su leyenda. A pesar de ello a finales de los 40 la artista tuvo un enfado con sus autores exclusivos recurriendo a otro triunvirato glorioso de la canción española, Ochaita, Valerio y Solana que escribieron para ella "El puñal y la rosa" (1947). El motivo de esta ruptura temporal fue "El cuento de María Millones", espectáculo escrito por sus habituales Quintero, León y Quiroga para Juanita Reina, la rival más directa de Concha Piquer. Estando de gira por América Conchita solicitó al maestro Quiroga que le enviase algunas canciones nuevas y este le envió las de la obra que estaba representando Juanita en España con gran éxito. Al enterarse de esta circunstancia la temperamental Conchita rompió relaciones con sus autores de siempre. No obstante este disgusto no duró demasiado ya que tras el enfado inicial la Piquer volvería a recurrir al trío para componer el resto de sus espectáculos hasta el final de su carrera.
En 1944 durante el transcurso de una gira por Argentina nació su hija Concha Márquez Piquer. Al quedarse embarazada de Antonio Márquez sin estar legalmente unidos, la artista prefirió dar a luz fuera de España, ya que entre la pacata sociedad de la época hubiera sido señalada madre soltera. La niña tuvo una madrina de excepción, nada más y nada menos que Eva Duarte de Perón gran amiga de Concha. La controvertida "Evita" salvó años más tarde a la pequeña de una muerte segura, cuando a su regreso a España contrajo el tifus y Eva hizo llegar vía aérea el medicamento necesario para combatir el virus, aún no comercializado en Europa.
Diez años después de su anterior experiencia cinematográfica se pondría de nuevo delante de las cámaras para rodar "Filigrana" (1949), dirigida por Luis Marquina. En esta ocasión se trataba de servir un vehículo donde la estrella pudiera lucir su voz y personalidad. Tanto la película como su argumento no se libran de la mediocridad característica del cine musical de la época, pero tiene la ventaja de mostrarnos a la artista en el momento de su máximo esplendor, plena de facultades, interpretando algunas de sus creaciones más famosas, como los inmortales "Ojos verdes", eso sí en su versión censurada. Rafael de León rehízo la letra de la canción para adaptarla a la historia y evitar el encontronazo con la censura, aunque la interpretación de la artista la mantuvo llena de belleza y poesía, una auténtica delicia. Sin embargo la película no constituyó un éxito mayoritario en ningún sentido, quedando claro que el público prefería a la Piquer escénica, donde era un auténtico ídolo de masas... (continuará).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





























