jueves, 10 de marzo de 2022

"La canción de Aixa" (1939) Florián Rey

 


Rodada, al igual que “Carmen, la de Triana” (1938), en los estudios alemanes de la UFA, aunque con exteriores en Tánger y el Sahara español, “La canción de Aixa” constituye el único fracaso artístico y comercial del tándem formado por Florián Rey e Imperio Argentina. Sin duda alguna no es ajeno a ello la crisis sentimental que estaba viviendo el matrimonio por entonces, lo que se tradujo en la desgana con que fue acogido el proyecto y la falta de creatividad que impregna la película a lo largo de todo su metraje. La propia Imperio comentó al respecto en una entrevista "Se notaba en ella que Florián y yo nos estábamos distanciando y que yo quería separarme. Había sus más y sus menos entre nosotros y eso se refleja en la pantalla. Hacía todo lo posible por no trasmitirlo, pero mi situación era tremenda con él, pues me estaba haciendo la vida imposible. El a mí y yo a él, claro. Era una relación muy difícil, teniendo en cuenta que siempre habíamos estado muy unidos". Nadie sabe que empujaría a ambos a embarcase en un encargo tal falso y aburrido, lleno de situaciones absurdas y moros de guardarropía. Imperio se encuentra con el primer bache en una carrera hasta entonces jalonada de éxitos, viéndose en todo momento perdida y desaprovechada en el exótico papel de la mestiza Aixa, un personaje que ninguna actriz hubiese podido levantar de puro artificioso y aburrido. La estrella intenta dar entidad a un personaje que carece de vida y carácter, prestando su voz magnífica a unas canciones que hoy permanecen tan olvidadas como la propia película, a pesar de estar compuestas por el maestro Federico Moreno Torroba, autor de zarzuelas tan prestigiosas como “Luisa Fernanda” o “La chulapona”.



La película es uno de los cinco largometrajes de ficción llevados a cabo por la Hispano Film Produktion en Alemania durante la guerra civil española, hasta donde se habían desplazado un grupo de actores y técnicos españoles ante la imposibilidad de rodar en aquellos momentos en nuestro país. Los cinco largometrajes tendrían raíces folclóricas siendo sus protagonistas Imperio Argentina y Estrellita Castro, dirigida por su esposo Florián Rey la primera y por el madrileño Benito Perojo la segunda. Este sea posiblemente el más desangelado y mediocre de todos ellos, en parte por culpa de un guion mal abordado que no genera ningún tipo de interés dramático, quedándose a medio camino entre la aventura de tintes orientales y el melodrama musical. Ni siquiera la dirección de Rey consigue salvar a la cinta de sus principales escollos. Tras habernos obsequiado con unos títulos llenos de inventiva y garra popular, Florián nos sorprende con una dirección rutinaria y carente de todo interés con respecto a sus anteriores trabajos, descuidando el resultado final. En realidad tanto “La canción de Aixa”, como su ruptura con Imperio Argentina, constituyen el principio del fin de este gran director que, aunque aún consiga algún acierto en la década siguiente, no volverá a alcanzar el triunfo a nivel artístico y comercial obtenido con sus anteriores films dirigiendo a su esposa. Tras la ruptura matrimonial su carrera sufre diversos altibajos, hasta acabar dirigiendo una serie de películas de encargo carentes de toda personalidad y ambiciones artísticas. Cintas “alimenticias” planteadas, en general, para el lucimiento de las distintas estrellas folklóricas del momento.



El resto del reparto hace lo que puede en sus respectivos cometidos encontrándose tan perdidos como la misma Imperio. Ni siquiera el siempre eficaz Manuel Luna consigue superar la artificiosidad de su personaje, limitándose a permanecer serio y altivo. Parece ser que el popular Miguel Ligero era el actor destinado para papel de José, el tío de Aixa en la película, pero tal vez temiendo el desastre que se les venía encima el cómico rechazó la oferta, desempeñando finalmente el rol Pedro Barreto, que ya había interpretado en “Carmen la de Triana” al gracioso Salvador, picador de la cuadrilla del torero Antonio Vargas.



Tras el bache que supone “La canción de Aixa” y su divorcio de Florián, Imperio se marcha a Italia donde protagoniza una versión de “Tosca” (1940) dirigida por el alemán Carl Koch, quién se hizo cargo de esta a la partida de Jean Renoir, que había iniciado la película y se vio obligado a abandonar el proyecto ante la inminente entrada de Italia en la segunda guerra mundial. A pesar de este interesante proyecto la estrella no volvería a recuperar nunca su estatus cinematográfico, tan solo el filme “Goyescas” (1942) de Benito Perojo le devuelve parte de su antigua gloria presentándonos a la actriz de sus mejores títulos, aunque ciertamente hubiese mermado parte de la frescura y espontaneidad que la hizo famosa, como si la ruptura sentimental con Rey hubiese restado fuerzas a su innata capacidad de iluminar la pantalla con su brillo personal.
  La película se estrenaría el 08 de Abril de 1939 en Barcelona y el 01 de Mayo en Madrid, por lo que se convierte en uno de los primeros estrenos cinematográficos, sino el primero tras el fin de la guerra civil.


              

miércoles, 9 de marzo de 2022

Paquita Rico... "Últimos éxitos y final" (5ª parte)

 


A pesar del enorme éxito personal obtenido con “¿Dónde vas Alfonso XII?”, de manera incomprensible la estrella estuvo cerca de dos años sin recibir ofertas de trabajo tras la película. Entre varios proyectos fallidos, se dijo que rodaría “La novia de Reverte” y “Los amantes de Teruel”, también se habló de un título nostálgico en la línea de “El último cuplé”, escrito por los guionistas de este titulado “Una chica de revista”, que tampoco llegó a cuajar. Su retorno a las pantallas se produjo con la adaptación de una obra de los Álvarez Quintero dirigida por Luis Marquina, “Ventolera” (1961). Aunque en la película se daban cita todos los tópicos habituales del teatro de los dramaturgos sevillanos, estos aparecían convenientemente modernizados a la época, en una comedia amable que se veía con agrado, donde Paquita estaba muy bien como actriz y bellísima como mujer. A este título le siguió otro de similares pretensiones, dirigida igualmente por Marquina, basado en una comedia de José Mª Pemán, “La viudita naviera”, donde la estrella jugaba al “vodeville decimonónico” con un excelente reparto encabezado por Mary Santpere, Ismael Merlo y Arturo Fernández.

A continuación sorprendió a propios y extraños, presentándose en el teatro Bellas Artes de Madrid, interpretando el papel de la novia de la obra de García Lorca “Bodas de sangre” dirigida por José Tamayo, que dedicó encendidos elogios la entrega y dedicación a su personaje, lo que demuestra que la estrella intentaba buscar nuevas formas de impulsar su carrera artística abordando otros géneros que le ofrecieran más posibilidades como actriz, que desgraciadamente no tuvieron continuidad.

En este punto llegó un título explosivo. Luis Sanz decidió producir una película protagonizada por las tres máximas figuras del cine folclórico nacional, Lola Flores, Carmen Sevilla y Paquita Rico. El rodaje produjo ríos de tinta, se habló de exigencias de divismo por parte de las tres estrellas, de peleas por tener el mejor plano en cada número, haciendo un infierno la labor del argentino Luis Saslavsky, realizador del filme. Sin embargo ellas, que eran amigas y comadres, juraron llevarse extraordinariamente bien y declararon que todo lo comentado era simplemente publicidad para una película que constituyó un auténtico “canto de cisne” del cine folclórico. De todo ello quedó una anécdota para la posteridad, dado que las tres querían figurar en primer lugar en los títulos de crédito, hubo que colocar los nombres en forma de aspa para que de este modo no hubiese primeras, ni segundas y contentar las exigencias de las tres. La película, resultó una historia rutinaria sobre tres muchachas que trabajan en un “tablao” madrileño y buscan el amor y la fama, una especia de “Las Girls” sin un George Cukor que las amparase. El escaso éxito del filme demostró que la formula había dejado de ser rentable cerrando un capítulo en la historia del cine musical patrio, que aún daría algunos títulos aislados de poca fortuna y menor interés. De los números musicales, tan solo “A tu vera” interpretado por una enérgica Lola Flores consiguió hacerse popular. Paquita una vez más dio lecciones de buen gusto interpretando con su elegancia habitual el pasodoble “El beso” de Ortega y Moraleda y la canción “En un barco velero” de Moraleda y Rafael de León. No obstante a causa de su pintoresquismo y cierta tendencia “kitsch”, se ha convertido en título de culto dentro de la filmografía de las tres estrellas y del cine español en general.

Tras esta desalentadora experiencia los siguientes títulos de la actriz apenas tuvieron repercusión. En 1962 participó en uno de los primeros western rodados en España en régimen de coproducción con Estados Unidos titulado “Tierra brutal” (The savage guns), Don Taylor y Richard Basehart eran la aportación americana de una película que no despertó gran interés destinada a los cines de doble programación. Intentó de nuevo explorar su faceta más dramática escoltada por Adolfo Marsillach y Jorge Mistral en “Historia de una noche” (1963), un melodrama de tintes negros bien narrado y con un trabajo muy encomiable por parte de la artista que hubiera merecido mejor consideración crítica. Al igual que su siguiente aventura internacional, la coproducción italiana “Las Otoñales” (1964), un filme de episodios muy al gusto de los años sesenta, en el cual interpretaba a una artista de cabaret, lo que la permitió aparecer “sexi” en el danzón “Yo tengo algo” y lucirse a la antigua usanza, bata de cola incluida,  con el pasodoble “Carmen, la cigarrera” . Tras prestar su voz en el documental de Javier Aguirre “España insólita” (1964), abandonaría las pantallas para centrar su carrera en los escenarios con obras pensadas a su medida como “Una estrella para todos”, “Ella”, “¡Ay, molinera!”, “La copla y el cante” o “La novia de España”, con las que llenó los últimos años sesenta y los primeros setenta. Reapareció desempeñando un breve papel en el filme multiestelar “El taxi de los conflictos”(1970), en el cual aparecían en papeles episódicos y de forma totalmente altruista, la práctica totalidad de estrellas de nuestro cine, en ayuda del productor Benito Perojo.

En 1977 apareció como Ana de Pantoja, en un título maldito de Tomás Aznar “Viva/ Muera Don Juan”, un filme pseudo erótico que seguía la moda de la época de desnudar clásicos literarios, al estilo de “La lozana andaluza” (1976), “El libro del buen amor” (1976) o “Cuentos de las sábanas blancas” (1977). El papel de Paquita era episódico frente al de actrices de la nueva generación como Angela Molina o Massiel. 

Llegado este punto su brillo estelar era ya parte del pasado, un estilo alejado completamente de las nuevas corrientes cinematográficas por lo que su carrera, como la de casi todas las artistas de su género, se limitaba a las presentaciones personales en teatro y televisión. Lástima que no rechazase intervenir en aquel bodrio titulado “El Cid Cabreador” (1983) dirigida por Angelino Fons y que seguía la moda de contar la historia de forma grotesca, por no decir burda, impuesta por títulos de increíble éxito como “Cristóbal Colón, de oficio descubridor” (1982) o “Juana la loca... de vez en cuando” (1983). Para la presente Paquita interpretaba a una caricaturesca Doña Urraca, si consideramos que El Cid del título era el domador de circo Ángel Cristo se comprenderá el resultado final del producto.

Al contrario de la mayoría de las estrellas de su género, llevó su vida privada con absoluta discreción, lejos de los focos y la mirada curiosa. Se casó por lo civil en 1960 en el transcurso de una gira por América con el banderillero Juan Ordóñez, hermano del torero Antonio Ordóñez, del que enviudaría en trágicas circunstancias cinco años después. Tras esta dolorosa experiencia, que al parecer la marcó de por vida, volvería a contraer matrimonio en 1968 con Guillermo Arocha, un empresario canario del que enviudaría en el año 2002.


Como cantante siempre conservó un gusto exquisito, y su retirada del mundo artístico se produjo con la clase que caracterizó siempre su trabajo, sin escándalos ni aspavientos, con la misma grandeza y distinción con la que adornó el papel de aquella reina romántica y racial, cuya temprana muerte la introdujo en aras de la leyenda, del mismo modo que su intérprete alcanzó la inmortalidad al darle vida en la penumbra de las salas de cine. Los últimos años de su vida regresó a Triana, su barrio natal, donde por voluntad propia se alejó de toda vida pública rodeada de sus sobrinos, ya que no tenía hijos, hasta su fallecimiento por neumonía el 9 de Julio de 2017 a los 87 años de edad.



jueves, 3 de marzo de 2022

"Congreso en Sevilla" (1955) Antonio Román

 


En muchos sentidos esta película se presentó como un intento de renovación tanto en la carrera de su protagonista, como en la del realizador de la misma. Para Antonio Román “Congreso en Sevilla” sería su primera inmersión en el terreno de la comedia, un género que había tocado de soslayo en algunos títulos pero que no había abordado de forma directa. En cuanto a Carmen Sevilla supondría un cambio de imagen física e interpretativamente hablando que marcaría una nueva etapa en sus siguientes proyectos cinematográficos. Con el fin de modernizar su físico, aparecería con la melena corta peinada con una permanente muy al estilo de las “vecinitas de enfrente” del cine americano, evolucionando la imagen folclórica al uso y dándole una mayor frescura y cierto aire cosmopolita. Lo mismo podría decirse de su interpretación, mucho más moderna y dinámica que en sus películas de ambiente andaluz. Carmen era por entonces la estrella más popular de nuestra cinematografía, lo que le daba al filme una proyección comercial que Román supo aprovechar magníficamente.


Fernando Fernán Gómez, experto actor de comedia, daría la réplica a la sevillana, creando una extraña pareja que encajó a las mil maravillas. El físico desgarbado y poco atractivo de Fernando fue el contrapunto ideal a la exultante belleza y frescura de Carmen, dos personalidades opuestas que encajaron en este juego de equívocos de forma excelente. Él representaba a un sesudo profesor sueco y ella a una española emigrada en este país que en su deseo de volver a España se hace pasar por una doctora de la universidad de Estocolmo, suplantando a una colega de Fernán Gómez. Este, al corriente del engaño, aprovecha la situación para hacerse pasar por su esposo y conseguir el amor de la bella española, quién tras una serie de tira y afloja cae rendida en sus brazos. Un argumento sencillo y eficaz, basado en una obra de José María Pemán, que entretiene y convence gracias a la sabiduría cinematográfica de Román y a la divertida intervención de todo el reparto.


El filme se rodó en régimen de coproducción con Suecia, que aportaría a la actriz Katie Rolfsen como la Dra. Petersen, la sesuda científica a quién suplanta el personaje de Carmen Sevilla. Un excelente plantel de actores de comedia encabezados por Manolo Morán y Pepe Isbert completarían un reparto que incluye a Manolo Gómez Bur, Gustavo Re, Carlos Casaravilla, Anibal Vela, Fernando Nogueras y Nicolás D. Perchicot entre otros. Especialmente divertido es el papel de Pepe Isbert, como el sordo y despistado industrial que se cuela por error en el congreso pensando que está en otra ciudad y que al enterarse de su error exclama. “¡A que va resultar que tampoco estamos en Palencia!”, el actor borda un personaje que solo él podía interpretar con esa naturalidad y convicción. Hay partes del argumento que recuerdan lejanamente a la célebre “Bola de fuego” de Howard Hawks, especialmente en las escenas en las que los aburridos doctores invitados al congreso de medicina celebrado en Sevilla, se dejan seducir por la belleza y espontaneidad de la protagonista, que los lleva y trae a voluntad sosteniendo el engaño con sus armas femeninas.



La cuidada fotografía corresponde a Cecilio Paniagua y la música de Juan Quintero, que incluye dos coplas cantadas por Carmen Sevilla con su habitual encanto y gracia, que contribuyen al atractivo de la cinta y su personaje. Las escenas iniciales de la cinta fueron rodadas en Estocolmo, donde se desplazó parte del equipo español soportando las condiciones del duro invierno sueco, según recordaba la propia Carmen Sevilla a Fernando Méndez Leite en el programa “La noche del cine español” (1984) dedicado a la carrera de la actriz y cantante. La cinta tuvo una buena acogida comercial, siendo premiada con 100.000 pesetas por el Sindicato Nacional del Espectáculo en la edición del año 1955, así como el premio de mejor realizador para Antonio Román, dando un nuevo impulso a la carrera del director que se encontraba por entonces algo estancada. Se cuenta entre las primeras coproducciones que venderían una imagen amable de nuestro país, ensalzando el sol y el carácter acogedor y alegre de los españoles en contraste con la frialdad y practicidad del carácter sueco, promocionándolo como un apetecible destino turístico, como parte del tímido aperturismo que por entonces el régimen franquista quería promover y que alcanzaría su apogeo en los siguientes años.




lunes, 28 de febrero de 2022

Paquita Rico... "Coproducciones y consagración cinematográfica" (4ª parte)

 

En 1957 intenta la aventura internacional con dos filmes franceses que resultaron sendos fracasos en taquilla. El primero sería “Las lavanderas de Portugal” (1957), una cinta basada en la popular canción con bellísimos exteriores y en la que su participación resulta desdibujada en medio de un reparto galo, que lleva el peso de la banal historia, de hecho la actriz no aparece hasta transcurridos casi 50 minutos de metraje. De otro lado “Jamaica” (1957), sería una típica opereta para el lucimiento del tenor irunés Luis Mariano, que intentaba repetir la desgastada formula de emparejar al cantante con alguna belleza española, como se había hecho en el pasado con gran éxito con Carmen Sevilla y con peores resultados con Lolita Sevilla. El resultado final fue un pastel de difícil digestión con un humor más al gusto francés que español, que pasó bastante desapercibido por las pantallas de nuestro país.

Como casi todas las figuras folclóricas de su tiempo cuya carrera se desarrollaba principalmente en el cine, aspiraba dar un giro dramático que aportase mayor versatilidad a sus personajes, más allá de los tópicos andaluces al uso. Lo intentaría con “¡Viva lo imposible!” (1958) una comedia de Rafael Gil, que hablaba sobre gente normal que anhela sortear el destino y alcanzar sus sueños. La película presentaba a “una nueva Paquita Rico” que había sustituido su formidable melena por un peinado a lo Lana Turner, con un argumento más realista y sin canciones de por medio. A pesar de la eficacia del realizador y el esfuerzo interpretativo de la artista, el filme distó mucho de ser un gran éxito, truncando lo que en principio podría haber sido un cambio de registro interesante.



Su siguiente título, “La Tirana” (1958), era un proyecto largamente acariciado por su director, Juan de Orduña, que se lo había ofrecido en el pasado a Juanita Reina y en el presente a Sara Montiel, triunfadora absoluta entonces con “El último cuplé” (1957). Ante la negativa de la Montiel a interpretar el papel, Paquita se hizo cargo de la protagonista de este musical histórico ambientado en la época goyesca y rodado completamente fuera de tiempo. La película ya resultaba antigua en el momento de su estreno, lo que unido a un guion mediocre y unas situaciones en exceso teatrales, haría del proyecto un fracaso en taquilla. Solo destacó su belleza vestida de maja dieciochesca y algún que otro desmadre dramático cuando su personaje, una actriz de teatro clásico, interpretaba nada más y nada menos que la “Antígona” de Sófocles, mientras entre bastidores la observa toda una Nuria Espert, en la cumbre de su prestigio como interprete escénica, relegada al papel de la intrigante Virtudes, criada de “la Tirana”.

Regresando a la línea de modernidad que se había impuesto en “¡Viva lo imposible!” rodó a las órdenes de León Klimowsky la comedia musical “S.O.S. abuelita” (1958), con el mexicano Gustavo Rojo como galán. A pesar de estar planteado como un musical de corte moderno, nada de eso se notaba en el resultado final, y aunque ella intentó mostrarse frívola y sexy al estilo de las “maggioratas” italianas, la película pasó con más pena que gloria por las pantallas. No sucedería lo mismo con su siguiente trabajo con el que ingresaría en la memoria colectiva de varias generaciones y en la historia nuestro cine desde el momento de su estreno.

Basado en la comedia de Luca de Tena “Carita de cielo”, “¿Dónde vas Alfonso XII?” (1958) de Luis César Amadori, le dio una popularidad inmensa, debido al enorme éxito de la película y a la mitificación que alcanzó el personaje debido al inteligente tratamiento de la historia, llevado a cabo por Amadori. El público llenó las salas para verla como la frágil soberana María de las Mercedes, dando el sí a un Alfonso XII, que ya para siempre se vería con el rostro de Vicente Parra, y lloró a lágrima viva viéndola morir en brazos del monarca a los pocos meses de la real boda. En el lucido papel de Isabel II reaparecía una expléndida Mercedes Vecino, bordando el rol de la castiza reina. La cinta se convirtió en un éxito sin precedentes permaneciendo durante un año y medio en cartel en el local de su estreno. La imagen de Paquita encajó como un guante en la idea que se tenía del personaje, mostrándose sensible y llena de encanto, borrando de un plumazo todos sus anteriores trabajos, al tiempo que accedía a otro tipo de público, que no acostumbraba a frecuentar sus vehículos folclóricos… (continuará)



lunes, 21 de febrero de 2022

"Teresa de Jesús" (1961) Juan de Orduña

 


Esta película supuso el reencuentro de Orduña con Aurora Bautista, la actriz fetiche del realizador madrileño con quien había obtenido de los mayores éxitos de su trayectoria y de nuestro cine. Su última colaboración juntos se remontaba a una década, cuando rodaron para la marca Cifesa “Agustina de Aragón” (1950). Por aquel entonces Orduña quería seguir en la línea histórica de sus anteriores vehículos con la actriz, ofreciéndole su siguiente título “La Leona de Castilla” (1951), pero ésta deseaba salir del encorsetamiento del cartón piedra para realizar un cine de argumentos y pretensiones más cercanos a los nuevos tiempos, lo que haría que el fructífero tándem se rompiera. Curiosamente ambos retomaban su colaboración en un filme histórico con muchas reminiscencias de estilo y formato similares a los que les dieron popularidad, siendo este precisamente uno de los principales lastres de un filme que presentaba una factura muy anticuada para 1961.



El proyecto de realizar la vida de Teresa de Jesús se remontaba a 1948, cuando actriz y director habían obtenido el inesperado éxito de “Locura de amor”, situándoles a la cabeza de la industria cinematográfica española. Pero el proyecto se toparía con distintos problemas de censura, que harían fuese sufriendo distintos retrasos a lo largo de los años. Parece ser que el guion de Carlos Blanco que relataba la historia de como una muchacha de clase acomodada, con distintos pretendientes y decidido temperamento pasaba a convertirse en religiosa y gran reformadora de la orden Carmelita encontrando el camino de la santidad a través de un apasionado misticismo y amor a Dios, no fue del agrado de las autoridades eclesiásticas que consideraban que se la debía mostrar como una Santa desde el principio de la historia, ya que según su perspectiva los Santos habían nacido para serlo y no debía haber ningún tipo de duda a este respecto. También declaraban su temor sobre cómo se mostraba la vida monástica de la época, ya que por entonces los conventos eran lugares de pasatiempo social, donde las visitas a las religiosas se reflejaban con un esparcimiento poco canónico, precisamente esto llevaría a Teresa a crear la clausura buscando el recogimiento espiritual y servicio a Dios, lejos del mundanal ruido que era la tónica habitual de estos lugares en el siglo XVI. También se pusieron objeciones al tratamiento que se haría de la Inquisición, ya que temían podía dejar mal parada la imagen de la iglesia católica.



La Bautista, sin embargo, estaba entusiasmada con el guion de Carlos Blanco, ya que pensaba que le ofrecía grandes posibilidades como actriz, al poder realizar todo un proceso de transformación interna de seglar a religiosa consumida por una ferviente fe, y tanto ella como Orduña pelearon durante años la idea, llevando incluso la historia al Vaticano para obtener su visado. En Roma dieron el visto bueno al guion de Blanco, pero con las mismas la iglesia española diría que en esas condiciones no se daría permiso de rodaje a la película, como diría la propia actriz a Méndez Leite en “La noche del cine español” (1984), los censores eclesiásticos españoles serían “más papistas que el Papa”. En 1955 se habló de retomar la película en coproducción con Italia con Ingrid Bergman dando vida a la protagonista, ya que al parecer su esposo Roberto Rossellini se mostraba muy interesado en la historia, aunque finalmente este interesante avance tampoco vería la luz. Más tarde se dijo que Manuel Mur Oti dirigiría el filme con Ana Mariscal como Teresa de Ahumada, tanto actriz como realizador se mostraban encantados en la prensa especializada con el proyecto, que con otro guion de José Mª Pemán mucho más conservador que el primero había pasado finalmente la aprobación de los censores, pero por diferentes causas poco precisas también vería su inicio postergado, volviendo finalmente a manos de Orduña con la Bautista en su papel soñado, con un guion completamente diferente al inicial que mezclaba el borrador de José María Pemán con otro de Antonio Vich y Manuel Mur Oti.

A pesar de todo Orduña consiguió mantener parte del espíritu de la idea original en la primera parte de la película, aunque la vida seglar de Teresa es prácticamente anecdótica ocupando apenas diez minutos del total de los 130 de duración final del filme, si quedaron retazos del apasionado y resuelto carácter de la Santa y su férrea lucha contra la vanidad de la vida en los conventos de la época, así como el diálogo de éxtasis interno en su búsqueda del amor a Dios, que constituyen la parte más interesante de la película. El interés decae en su segunda parte, cuando se detalla la vida reformista de Teresa de Jesús, creando conventos de Carmelitas descalzas por toda España y su encontronazo con la Inquisición, que queda como un episodio bastante desdibujado resuelto por casi por intervención Divina, un recurso rutinario muy propio del cine religioso español de la época. A pesar de estos lastres, provocados en gran parte por imposiciones de la censura como ya se ha comentado, estamos ante una de las últimas realizaciones importantes de Orduña y su último éxito artístico y comercial como director, a pesar de que su cine distaba mucho de las inquietudes y la calidad de otras obras que estaban tomando ya el relevo del “viejo cine español”, lo que no evitó que la película fuese declarada la película de “Interés Nacional” en un año en que se estrenaron entre otros títulos tan definitivos como “Plácido” (1961) de Luis García Berlanga o “Viridiana” (1961) de Luis Buñuel, ambos premiados en distintos festivales internacionales.



Aurora Bautista se mostraría sin embargo desencantada con el resultado final, lamentando a lo largo del tiempo no haber podido dar vida al personaje que se mostraba en el guion original, que le hubiera permitido un mayor recorrido interpretativo por la personalidad de una figura tan importante y definitiva en la historia religiosa de nuestro país. Una mujer que inspirándose en el amor a Dios y su férrea voluntad de servicio espiritual se enfrentó a toda la sociedad política y eclesiástica de su tiempo, reformando la primitiva orden del Carmelo, obteniendo la santidad de manos de aquellos que denostaron su obra en el inicio. No obstante la actriz se muestra mucho más natural y contenida que en sus anteriores trabajos a las órdenes del realizador madrileño, consiguiendo una interpretación bastante loable a pesar de su tendencia a la declamación en algunos momentos. Su interpretación le valdría el premio a la mejor actriz del año de la revista Triunfo.



Con la absoluta presencia de la actriz vallisoletana a la cabeza el reparto del filme es impresionante y en él participa la práctica totalidad del cine español de su tiempo, véase sino la larga de lista de intérpretes conocidos… Alfredo Mayo como Francisco de Borja, Jesús Tordesillas como Fray Pedro de Alcántara, Roberto Camardiel como el Recuero, José Moreno como Gerónimo Gracián, Rafael Durán como el Capellán, Lina Yegros como Doña Guiomar, Eugenia Zuffoli como la madre priora, José Bodalo como el padre de Beceda, Manuel Dicenta como el Inquisidor, Félix Dafauce como Francisco de Salcedo, Jesús Puente como el Corregidor de Ávila, María Luz Galicia como la Princesa de Eboli, Roberto Rey como el padre de Teresa e incluso en un pequeño e insignificante papel de pastorcita aparece la posteriormente famosa Gracita Morales.



Con un coste superior a los siete millones de pesetas, la película se estrenó el 14 de Mayo de 1962, contando con el beneplácito general de la crítica y obteniendo una buena carrera comercial. Permanecería más de 70 días en los circuitos de exhibición, siendo superada esa temporada tan solo por “La Bella Lola” (1962) protagonizada por la estrella del momento, Sara Montiel. Aunque apenas contase con reconocimientos nacionales, ganaría un premio especial del Sindicato Nacional del Espectáculo de aquel año por “sus valores espirituales y morales”, aparte del premio a la mejor película Hispanoamericana en el festival de Acapulco.



"Doña Francisquita" (1952) Ladislao Vajda

 

A principios de los años cincuenta del pasado siglo el antes director y ahora productor Benito Perojo, anunció su intención de llevar a cabo la adaptación de dos zarzuelas famosas, “Luisa Fernanda” y “Bohemios” interpretadas por el popular tenor irunés Luis Mariano, en la cumbre por entonces de su fama cinematográfica en nuestro país, gracias a sus edulcoradas y espectaculares operetas junto a Carmen Sevilla. No se sabe muy bien por qué razón estos proyectos no llegaron a cuajar finalmente, siendo sustituidos por esta “Doña Francisquita” según la obra homónima de Amadeo Vives dirigida por Ladislao Vajda, con un reparto completamente diferente.

La obra de Vives, basada en “La discreta enamorada” de Lope de Vega, ya había sido llevada a la pantalla con éxito en 1934, protagonizada por la soprano Raquel Rodrigo, apodada por entonces “la novia de España” y el tenor Fernando Cortés, aunque para esta nueva versión filmada en Cinefotocolor se decidió contar con la participación de actores famosos que serían doblados en las canciones por cantantes líricos, una práctica habitual a partir de entonces en las adaptaciones zarzueleras para el cine. La dirección correría a cargo del húngaro Ladislao Vajda, que más allá de ceñirse a las exigencias de un encargo comercial, consigue ofrecer una obra de autor más que interesante, situando la historia entre la realidad y la ficción, lo que le ayuda a huir de la plasmación lineal de la zarzuela original sin renunciar a su esencia, ni a sus célebres melodías, haciendo que los actores se muevan continuamente entre los personajes de la obra de Vives y los de la historia contada. Un inteligente recurso que crea escenas de gran belleza especialmente en los números oníricos, en las que el uso del color y la iluminación son parte del lenguaje narrativo, debidos al talento del director de fotografía Antonio Ballesteros. En este sentido, sin duda, las escenas más meritorias son las desarrolladas en la parte del carnaval, que comienza con unas máscaras estáticas en el escaparate de una tienda cobrando vida y rompiendo los cristales para unirse al jolgorio callejero, uniendo una vez más lo ficticio y lo real como hilo argumental de la trama. El continuo salto de lo cotidiano a lo imaginario haría seguramente que en Francia el filme se estrenase bajo el título “Mascarade d´amour” y como tal fuese presentado a concurso en el Festival de Cannes de 1953, el mismo año en que también entraban a concurso dos títulos históricos de nuestra cinematografía “¡Bienvenido Mr. Marshall!” de Berlanga y “Duende y misterio del flamenco” de Neville, recibiendo buena acogida, aunque el reconocimiento crítico se lo llevaría, como no podía ser de otro modo, la divertida sátira de Berlanga.


Aun así, estamos ante una de las mejores adaptaciones zarzueleras a la pantalla y sin duda la mejor de la década de los cincuenta y sesenta, donde se aúnan calidad y comercialidad con singular acierto y en la que se consigue una continuidad en los números musicales poco habitual en el cine español del momento, donde normalmente el argumento se detenía para que la estrella bailase o cantase. En este caso el realizador se preocupa que todo se suceda sin detener el ritmo de la historia a la hora de introducir los célebres cantables de la zarzuela original, a imitación del musical americano de la época.


Con el fin de asegurarse la comercialización del filme, especialmente en Latinoamérica, la protagonista recaería en manos de la argentina Mirtha Legrand, a quién Perojo había dirigido en 1945 en “La Casta Susana”, aportando un curioso acento porteño a la madrileña Francisquita, doblada por Marimi del Pozo en los cantables. Armando Calvo, muy popular también por entonces en tierras americanas, ya que se había afincado en México a mediados de los cuarenta desarrollando un intenso periplo fílmico en los estudios aztecas durante la época dorada de aquella cinematografía, sería el galán de la función Según refería el actor a Fernando Méndez Leite en el programa “La noche del cine español” (1984), fue él quién cantó íntegramente toda la partitura en la película, pero no le dieron ningún crédito en los títulos a este respecto al ser doblados el resto de personajes por cantantes líricos de fama internacional, quejándose con amargura de que no le hubiesen dejado dar este inesperado giro a su carrera ampliándola a su faceta como cantante. Lo cierto es que sale bastante airoso de las exigencias vocales de este difícil personaje.


La bellísima Emma Penella en los inicios de su incipiente y prometedora carrera, se haría cargo del rol de la temperamental Aurora “La Beltrana”, en el que siguiendo la tónica de sus primeros años sería doblada en la parte hablada además de en la cantada, esta última por la excelente soprano Lily Berchman. Parece ser que la actriz llegó al proyecto de forma inesperada al encontrarse en los estudios CEA rodando el thriller “Los ojos dejan huella” (1952), por la que obtuvo un éxito notable y un premio de interpretación como secundaria. Ladislao Vajda se quedó impresionado con su talento y figura y preguntó a José Luis Sáenz de Heredia, director de este título, por esa joven actriz que tan bien estaba resultando en su película, los entusiastas comentarios de Sáenz de Heredia al respecto decantaron la balanza a su favor. Su formidable trabajo en la película le otorgaría otro premio como mejor secundaría también por esta película.


El cómico Antonio Casal, uno de los actores más interesantes de nuestro cine, sería Cardona, el amigo íntimo del protagonista que maneja los líos de la trama. La oronda y graciosísima Julia Lajos sería Doña Francisca, madre Francisquita, José Isbert interpretaría al profesor de canto, personaje que no aparece en la Zarzuela y Jesús Tordesillas se haría cargo del papel de Don Matías, padre de Fernando, el protagonista masculino. Un magnífico plantel de secundarios, como era habitual en los repartos de la época, a los que se suman los siempre eficaces Manolo Morán y Antonio Riquelme.


La cinta fue premiada con 400.000 pesetas por el Sindicato Nacional del Espectáculo en su edición del año 1952 por el uso del color junto a la formidable antología sobre el cante jondo de Neville "Duende y misterio del flamenco"

martes, 15 de febrero de 2022

Paquita Rico... "Revisión de viejos éxitos" (3ª parte)

 


Durante los años 50 la actividad cinematográfica de Paquita Rico es incesante. La artista enlaza un rodaje con otro convirtiéndose en una de las estrellas favoritas del público, a pesar de que los vehículos que le toca en suerte protagonizar son, en general, de una mediocridad alarmante. Producciones de consumo inmediato con historias sencillas de fácil digestión en las que lo que importa mayormente es que Paquita luzca su belleza y facultades como cantante el mayor tiempo posible.


A mediados de la década la estrella se hace cargo de dos “remakes” de antaño. El primero de ellos, “Malvaloca” (1954), adaptación de la obra teatral de los hermanos Álvarez Quintero, ya había conocido una primera versión muda dirigida por Benito Perojo en 1926 y en 1942 había sido uno de los éxitos de la pareja formada por Amparo Rivelles y Alfredo Mayo, alcanzando una enorme popularidad. En esta ocasión Paquita aparece una vez más escoltada por el galán americano Peter Damon, poco adecuado como el atribulado fundidor gallego Leonardo, además de Miguel Ligero y Antonio Riquelme desempeñando los roles cómicos. Ramón Torrado, el director que mejor la conocía se centró en resaltar la parte folclórica del asunto, cambiando la profesión de la heroína de prostituta a cantante, lo que hacía que se perdiera gran parte del interés dramático de la obra, con el fin de salvar el escollo de la censura y resaltar su popularidad como intérprete de coplas. En la parte interpretativa Paquita no termina de convencer en esta ocasión mostrándose lastimera y llorona, desaprovechando de este modo los matices de un personaje que había bordado la Rivelles en la versión de los años 40. En su defensa cabe comentar que la parte más interesante de la historia, la tormentosa juventud de la protagonista que daba sentido al desarrollo del personaje, desaparecería por completo del guion, generando lagunas difíciles de entender.


El segundo remake sería una nueva versión de los “Suspiros de España” (1938) interpretados por Estrellita Castro en Alemania durante la guerra civil española y que había constituido una de las mayores cotas de popularidad de la artista sevillana. Rebautizada para la ocasión como “Suspiros de Triana” (1955) y con Torrado de nuevo en la dirección, la película rescataba a la antigua estrella del cine republicano “Angelillo”, recién llegado de su exilio argentino, donde le habían llevado sus ideas políticas tras la contienda. A pesar de la diferencia de edad entre ambos, la pareja funcionó bastante bien, luciéndose por separado y a dúo en la interpretación del pasodoble titular en la escena final del filme, compuesto por el maestro Alvarez Alonso. Con todo quedó una cinta entretenida, aunque exenta de la frescura de su predecesora.



“Curra Veleta” (1956) sería su último trabajo a las órdenes de Ramón Torrado.  Una historia absurda desprovista de todo atractivo, donde se pone de manifiesto el agotamiento de una fórmula que no daba mucho más de sí y que terminaría con el esplendor del género folclórico a la vuelta de pocos años, siendo sustituido por los musicales con niños prodigio y los cuplés de Sara Montiel, viejas fórmulas en nuevos envoltorios, en definitiva… (continuará)