lunes, 1 de julio de 2019

Lola Flores... Matrimonio y años 60 (5ª parte)



Al alba del 27 de Octubre de 1957 Lola contrae matrimonio en la Basílica Real del Monasterio de El Escorial con Antonio González "El pescailla". La boda fue un asunto un tanto tumultuoso ya que Antonio se encontraba casado por el rito gitano con la bailarina Dolores Amaya con la cual tenía una hija, la familia de Dolores pretendían impedir la unión por este motivo, lo que hizo que la ceremonia se oficiase prácticamente en secreto a las siete de la mañana. Los padrinos serían el productor Cesáreo González y la amiga y comadre de la artista, la actriz y cantante Paquita Rico. Superados los iniciales temores la boda se convirtió en uno de los acontecimientos sociales del año, a la que acudieron toda clase de personalidades del mundo artístico y la vida española del momento.



Del brazo de su flamante esposo se lanzó a protagonizar una película tras otra, incluyendo a Antonio en los repartos como antaño había hecho con su hermana Carmen. En 1957 ambos protagonizaron junto al galán Gustavo Rojo la segunda versión de "María de la O" dirigida por Ramón Torrado. Además de la zambra titular, original de Estrellita Castro, Lola interpretaba temas históricos de la canción española, como las creaciones de Conchita Piquer "No te mires en el río", "Dime que me quieres", "Ya no te quiero" o "Herencia gitana", junto a números propios como el celebérrimo "Lerele", su primer éxito como artista, o la rumba "El cabrerillo" interpretada al alimón con Antonio. En 1958 la propia Lola se convertiría en productora de "Venta de Vargas", una historia centrada en la época de la invasión francesa, donde la estrella en su papel de ferviente patriota en pie de guerra contra los "gabachos" intentó ofrecer un recital melodramático, aunque dado lo pueril del argumento y las situaciones una vez más solo convenció en su interpretación de las coplas "No me llames Dolores", "Venta de Vargas", "Romance de Juan Limón", "Con el vito, vito" y el tanguillo "María Belén", una de sus creaciones más soberbias. En aquel mismo año el matrimonio volvió a aparecer en la coproducción mexicana "¡Échame a mí la culpa!" (1958) junto al cantante Miguel Aceves Mejía.



Dando un respiro a su incesante actividad cinematográfica, la pareja se presentó en el teatro Calderón con el espectáculo "Luna y guitarra", donde entre otros Lola estrena el divertido tanguillo "Catalina Fdez, la lotera", que la artista bordaba dando rienda suelta a una irresistible bis cómica. En aquellos años Lola ve cumplirse otro de sus sueños con el nacimiento de su primera hija, Lolita, que sería la primera de sus tres retoños. Tanto la primogénita, como sus hermanos Antonio y Rosario, se convertirían con el paso del tiempo en artistas de gran popularidad, cada uno en su estilo y una de las grandes pasiones de la estrella que a partir de entonces se convertiría en la matriarca de uno de los clanes más famosos de la vida española.



Volvió a ponerse ante las cámaras, esta vez sin su marido, para protagonizar junto a sus compañeras de profesión y amigas Carmen Sevilla y Paquita Rico el polémico "Balcón de la luna" (1962), dirigida por Luis Saslavsky. A falta de otros méritos consiguió arrebatar con una escalofriante creación de la zambra "A tu vera", que se alzó como el número más destacable de la película. Por lo demás las tres protagonistas naufragaban en medio de un guión ridículo, donde a fuerza de intentar lucirse esclavizaron la coherencia y fluidez de las secuencias musicales, exigiendo entre otras cosas identico número de planos. Aún así la película conserva un inevitable encanto "Kitsch", especialmente el schotis que reunía a las tres estrellas en clave chulapona "¡Ay, que calor!".



Incurriría de nuevo en dos lamentables experiencias mexicanas perfectamente olvidables en un momento en que el subgénero "gitanos y charros" estaba ya dando síntomas de agotamiento, tituladas "De color moreno" (1963) y "La gitana y el charro" (1964), ambas de nuevo junto a su marido. En la última de ellas aparecería brevemente la primera hija del matrimonio, una Lolita de seis años de edad. La mediocridad de estas producciones empieza a ser alarmante, sobre todo en un momento en el que la canción española empezaba a ser relegada por los nuevos ritmos que venían empujando con fuerza. La escasa relevancia de su filmografía pone de relieve la fuerza del talento artístico de Lola, cuya continuidad cinematográfica sería inexistente de no ser por su personalidad y temperamento como artista, cualidades que siempre se alzaron por encima de los débiles y en ocasiones execrables argumentos.



Haría gala de todo su poderío en el montaje de "La guapa de Cádiz" (1966) uno de sus espectáculos más celebrados, estrenado de nuevo en el Calderón, cuna de sus mayores éxitos teatrales. En una época difícil para la Copla debido al apogeo de la música pop, Lola puso en pie un montaje modélico en su género con el que triunfó por derecho obteniendo algunas de las mejores críticas de su carrera. Sin embargo era evidente que los gustos del público estaban cambiando, cada vez era más difícil amortizar los elevados costes de los espectáculos folklóricos, por otro lado el tipo de cine que representaba había quedado anticuado a los ojos de las nuevas generaciones, lo que hizo que sus apariciones en la pantalla se fueran espaciando. A pesar de todo, ella continuó con una incesante actividad artística en salas de fiesta y televisión, que se convertirían en adelante en refugio de los viejos mitos del folklore patrio.




En 1968 intervino en una coproducción Argentina prácticamente olvidada titulada "Aventura en Hong Kong" junto al cómico Luis Sandrini y un año más tarde logró hacer realidad el sueño de recibir el premio del Sindicato Nacional del Espectáculo a la mejor actriz por su interpretación en la comedia "Una señora estupenda" (1969) dirigida por Eugenio Martín, en el que Lola realizaría un auténtico recital típicamente "Flores" que sería sin duda lo mejor de la película... (continuará)



lunes, 24 de junio de 2019

"Bambú" (1945) José Luis Sáenz de Heredia


A pesar de ser concebido como una producción de alto presupuesto y calidad “Bambú” se convirtió en el primer fracaso cinematográfico de Imperio Argentina en una carrera hasta entonces jalonada de éxitos. De este modo la fortuna comercial de la que había sido la mayor estrella de nuestro cine comenzaba a apuntar síntomas de agotamiento. No es ajeno a ello la falta de entendimiento que, al parecer, se produjo entre la temperamental artista y el director de la cinta José Luis Sáenz de Heredia y  la mala elección del personaje, ya que Imperio interpretaba a una indígena adolescente cuando la actriz contaba ya 35 años, despropósito que se veía acentuado ante la insultante juventud y belleza de su antagonista en la cinta, una casi debutante Sarita Montiel de 17 años de edad. 



Tras el éxito comercial y de crítica que supuso su anterior película “Goyescas” (1942) dirigida por Benito Perojo, Imperio Argentina se embarca en este proyecto que a priori tenía todos los elementos para resultar un nuevo triunfo en su carrera. Por un lado estaba la música de Ernesto Halffter, uno de los compositores españoles más importantes del siglo XX discípulo directo de Manuel Falla, que compuso una partitura extraordinaria que mezclaba con acierto ritmos españoles y cubanos. A la banda sonora de Halffter se sumaban canciones populares del cubano Moisés Simón autor de "El Manisero" De otro la dirección de José Luis Sáenz de Heredia, el director favorito de aquellos años y uno de los profesionales más importantes de su tiempo a cuyo compás se movía el resto de la producción española del momento. El reparto de la película era así mismo excepcional. El galán Julio Peña en la cumbre de su popularidad gracias fundamentalmente a su participación en títulos militares y las comedias blancas de Juan de Orduña. Fernando Fernán Gómez como galán cómico, que realiza una formidable interpretación equilibrando los excesos melodramáticos de la cinta. Y los magníficos secundarios Alberto Romea, José Mª Lado, Fernando Fdez de Córdoba y Julia Lajos, todos ellos actores de primerísima categoría imprescindibles en la pantalla española de aquellos tiempos. Para finalizar la breve, pero destacable intervención de una rubia y jovencísima Sarita Montiel, que iniciaba por aquel entonces su carrera, defendiendo con acierto el papel de la repipi y consentida hija del gobernador militar de la isla de Cuba.



Sin embargo todos estos elementos no bastaron para convencer al público con una historia que resultaba demasiado pretenciosa y quedaba un tanto desangelada en su resultado final, aunque hay que reconocer que la cinta no está exenta de aciertos, como corresponde a la siempre eficaz dirección de Saenz de Heredia un hombre gran conocedor de su oficio, que en esta ocasión se muestra demasiado académico para un film que hubiera necesitado un ritmo más ágil y desenfadado como corresponde a un musical. Vista hoy da la sensación de que todos los artífices de la película abordaron el proyecto con una gravedad que hizo naufragar un filme que con un tratamiento menos elitista y más popular hubiera resultado infinitamente más atractivo.



El argumento cuenta la historia de amor entre Bambú, una muchacha cubana que canta primorosamente y vende fruta por las calles de la Habana y un compositor español al que el fracaso profesional y amoroso le llevan a alistarse como soldado en la isla antillana. Allí conocerá a la muchacha surgiendo entre ambos una pasión que se verá truncada por las revueltas políticas locales que pondrán un punto final dramático al romance, momento que es aprovechado por el guion para una desmadrada apoteosis en la que cabe de todo hasta un cuerpo de baile disfrazado de indígenas teñidos entre los que se encontraba una figurante desconocida llamada Nati Mistral pintada de chocolate.



Imperio hace lo que puede con un papel bastante desdibujado que no le va en absoluto a pesar del empeño que ella pone en defenderlo con un acento que a veces resulta más andaluz que cubano, haciendo que incluso una actriz tan competente como ella salve a duras penas la función. Lo mejor de la cinta es sin duda la parte musical, tanto la orquestal como los cantables que la estrella interpreta con su calidad y buen gusto habituales, en una partitura difícil que pone a prueba su registro vocal saliendo airosa gracias sus años de estudio clásico. Su voz lírica, diáfana, llena de cadenciosa dulzura vuela sobre las notas de la banda sonora remarcando la belleza de la misma, dando cuenta de la sabiduría y talento musical de esta excepcional artista.




Como anécdota cabe comentar que, de manera incomprensible, en Italia la película llevaría por título "Lolita", utilizado seguramente con la intención de delatar su procedencia española usada como reclamo comercial para el público de aquél país. Tras la fría acogida de “Bambú” la estrella partiría rumbo a su país natal, Argentina, donde interpretaría sus siguientes títulos a las órdenes del madrileño Benito Perojo, otro de los nombres fundamentales de nuestro cine, que también se había afincado en este país buscando reactivar su carrera como director. 






viernes, 21 de junio de 2019

Carmen Sevilla... "Años 70 musa sexy y actriz" (Final)




Al comenzar la década de los setenta, la dictadura franquista daba ya síntomas de agotamiento y el gobierno intentó llevar a cabo una maniobra de tímido aperturismo que tuvo al cine como uno de sus principales escaparates. Los jóvenes directores venían empujando fuerte con otro modelo de cine muy distinto tanto en temática como en estética. Llegado este punto la continuidad cinematográfica de Carmen Sevilla parecía seguir el mismo destino que la del resto de sus compañeras de generación, que alejadas en su mayoría de la pantalla habían sido desterradas a la televisión y las salas de fiesta donde intentaban dar continuidad a sus carreras adecuando su repertorio y estilo a los nuevos tiempos que se avecinaban. Sin embargo la actriz sorprendió a propios y extraños en lo que fue una decisión arriesgada y valiente, adaptando su físico y su carrera a las necesidades del nuevo cine español.


Surgió así la imagen de una estrella adulta que sumándose a la corriente del destape intervendría en diversas comedias picantes y dramas pseudoeróticos de desigual calidad dirigidos por autores noveles con distintas inquietudes. La revelación llegaría con el filme de suspense "El techo de cristal" dirigido en 1971 por Eloy de la Iglesia, donde se hablaría de una nueva Carmen Sevilla que no solo se mostraba físicamente sino que se revelaba como una competente actriz, mostrando nuevos matices en una historia difícil con una exigencia mayor que la del género amable y desenfadado que había representado hasta el momento. Seguramente atraído en gran parte por la publicidad y el morbo generado, la película obtuvo un enorme éxito, superando el millón de espectadores y obteniendo para su protagonista el premio a la mejor actriz del Círculo de Escritores Cinematográficos e idéntico galardón otorgado por el Sindicato Nacional del Espectáculo, equivalente a los actuales premios Goya de la Academia de Cine. Esta circunstancia daría un enorme impulso a su carrera protagonizando en una línea similar títulos importantes de esa época como "Nadie oyó gritar" (1973) dirigida de nuevo por Eloy de la Iglesia, "No es bueno que el hombre esté solo" (1972) de Pedro Olea, "La Loba y la Paloma" (1974) de Gonzalo Suárez o "La cera virgen" (1972) de José Mª Forqué. Todos estos filmes tuvieron una interesante distribución fuera de nuestro país, lo que hizo que la actriz mantuviera su categoría estelar a lo largo de toda la década. 


Al mismo tiempo que se convertía en musa del nuevo cine español, explotaba una línea sexy en diversas comedias menos interesantes, pero de fácil digestión en un momento en el que el espectador español estaba ávido de pantorrillas, cuyos títulos lo dicen todo "Un adulterio decente" (1969), "El apartamento de la tentación" (1971), "Terapia al desnudo" (1975), "Nosotros los decentes" (1976) y un nutrido número de filmes similares. En aquellos años su matrimonio con Algueró estaba tocando a su fin a consecuencias de las continúas infidelidades del compositor y en palabras de la artista esta fue su forma de sentirse aún atractiva y reafirmar su autoestima como mujer. 


A pesar de su imagen cándida y tradicional, Carmen siempre demostró gran inteligencia a la hora de planificar su carrera y haciendo gala de ello decidió retirarse del cine en pleno éxito antes de que su belleza comenzara a marchitarse y de que su personaje pasara de moda. Así con la película "Rostros" (1978) de Juan Ignacio Galván, protagonizada junto al cantante Juan Pardo y a la nueva estrella erótica Bárbara Rey, dio por terminada su etapa en el cine a los 48 años de edad. Parece ser que en esta decisión influiría de manera importante la relación que la actriz había iniciado con el distribuidor Vicente Patuel, poseedor de una cadena de cines en Madrid, que en el otoño de 1985 se convertiría en su segundo marido, tras conseguir el divorcio de Algueró. 


Durante algunos años se la pudo seguir viendo en diversos espectáculos teatrales junto a figuras como Paquita Rico o Juanita Reina y estrellas incipientes de la canción como Concha Márquez Piquer y María Jiménez. A mediados de los años 80 Carmen desapareció con absoluta discreción para retirarse a vivir en el campo junto a Vicente Patuel. Nos llegaban noticias esporádicas a través de las revistas del corazón de la bucólica vida de Carmencita alejada del mundanal ruido en la finca extremeña de Herrera del Duque, que el empresario había adquirido tras la venta de sus cines.


Cuando todo el mundo daba por terminada su carrera, el gusanillo del arte volvió a tentarla en la persona de Valerio Lazarov, director a principios de los noventa de la cadena privada de televisón Tele5. En 1991 Carmen efectuaba su reaparición ante el público presentando un popular sorteo de lotería. Como antaño, obtuvo una popularidad inmensa a base de su carisma y un torrente de despistes en directo, pero sobre todo blandiendo sus mejores armas, aquellas que la hicieron acreedora del sobrenombre de "Novia de España", su ternura, simpatía, sensibilidad y capacidad de traspasar la batería para hacerse un lugar en el corazón de los espectadores. Su éxito se mantuvo intacto durante dos décadas en diferentes cadenas y programas de televisión, algunos como "Querida Carmen" (1997) pensados especialmente para ella. Ni siquiera el inesperado fallecimiento de Patuel, que la dejó desolada, fue capaz de apartarla de los focos y el cariño del público. Únicamente sería el Alzheimer el que de forma cruel apartase para siempre a la encantadora Carmen Sevilla de los ojos del espectador. En 2010 le sería diagnosticada esta triste enfermedad que venía deteriorando su imagen desde tiempo atrás desdibujando su personalidad en los caminos del recuerdo. La actriz se vio forzada a abandonar su trabajo en el espacio "Cine de Barrio", programa dedicado al cine español que venía presentando desde hacía siete años, siendo ingresada en una clínica donde tratar su estado.


Su última aparición ante las cámaras mostraba a una mujer perdida pero que al ver los objetivos de la prensa aún regalaba su sonrisa y lanzaba una pose flamenca a los periodistas. Sus admiradores queremos pensar que quizás en el túnel perdido de la memoria aún se mantenga la luz de esa estrella que la llevó a brillar alto y con fuerza recordándola quién fue... "Revoltosa", "Violetera Imperial" y sobre todo esa "Carmen de España" que hechizo con su sonrisa y encanto a todo un país y hasta el propi0 Mérimée.



miércoles, 19 de junio de 2019

Lola Flores... Cine en México, nace "La Faraona" (4ª Parte)




A mediados de los años cincuenta Lola inicia su segunda gira triunfal por toda América latina, con presentaciones personales en los mejores locales de las principales capitales, además de iniciar una frenética actividad cinematográfica en México donde poco a poco se va convirtiendo en un ídolo de primera magnitud. Por aquel entonces los estudios aztecas estaban viviendo su época de oro, siendo los más importantes y con más proyección de toda Sudamérica. Allí Lola rueda "Lola Torbellino" (1955) , "La Faraona" (1956), "Limosna de amores" (1955), donde nos obsequiaba con otro formidable número final en su interpretación de la zambra que da título al filme y que recuerda a su soberbia creación de "Pena, penita, pena", "Sueños de Oro" (1956) y "Maricruz" (1957). En todos ellos la artista se ve acompañada de los principales actores del momento y figuras de la canción como Miguel Aceves Mejía, Antonio Badú o el compositor Agustín Lara, utilizándose la vieja fórmula de mezclar el folclore de ambos países para asegurar su distribución en ambos lados del Atlántico. Estos filmes irían bajando el listón de forma alarmante, siendo en su mayoría destinado a programas dobles en cines de barrio de consumo rápido y en los que la mayor importancia reside en lo que la estrella aporta de su personalidad y talento, quedando como simples catálogos de su arte único y personalísimo. Cuando además se intentó recurrir a ciertos "ballets de calidad" el mal gusto rozaría extremos alucinantes, como aquel en el que Lola se arriesgaba bailando el mismísimo bolero de Ravel en medio de una coreografia llena de falso tipismo al gusto de lo que por aquel entonces se exportaba como "marca España". 



Entre tanto desvarío quedaba postergado el que hubiera sido a todas luces su proyecto más interesante en tierras mexicanas, un argumento que la emparejaría con una de las diosas de la cinematografía azteca, María Félix. A pesar de lo explosivo del encuentro entre dos estrellas de personalidad tan poderosa o quizás a consecuencia de esto, la idea nunca llegó a ver la luz. Es en México donde le ponen el apodo de "La Faraona" y donde la artista forja una parte de su leyenda, confirmando el idilio que la uniría al Continente Americano y que alcanzaría su cenit en el legendario homenaje promovido por Julio Iglesias en Miami en 1990 donde participaron los principales artistas de habla hispana del momento, tanto españoles como sudamericanos. 



A su regreso a España tras dos años de ausencia se presenta con enorme éxito en los escenarios con el espectáculo "Arte español", con un cartel que incluía al cantaor Rafael Farina, a su hermana Carmen Flores y a un guitarrista llamado Antonio González, con el que la artista establecería una química especial desde el primer momento, lo que haría que la temperamental Lola, muy distinta a las mujeres de su época, iniciase todo un plan de conquista por obtener su amor. Ya a principios de los años cincuenta, a la par que se convertía en una de las artistas más populares de su tiempo, crecía su leyenda de hembra apasionada que anteponía la naturalidad de sus sentimientos al puritanismo y la doble moral imperante, viviendo sonados romances con los futbolistas "Biosca" y "Coque", los toreros "Gallito" y Manolo González y el actor Rafael Romero Marchent, con quién incluso llegó a anunciar su boda a bombo y platillo en las revistas del momento. Sin embargo tras numerosas aventuras en las dos mitades del mundo que alimentaban el morbo y la curiosidad de las gentes de la calle, Lola decidió llegado el momento de acceder a la respetabilidad social al enamorarse perdidamente de Antonio,un gitano barcelonés del barrio de Gracia pionero de la rumba catalana... (continuará)



miércoles, 22 de mayo de 2019

Carmen Sevilla... Coproduciones y Algueró (3ª parte)


En 1958 Carmen se encontraba preparando el rodaje de un musical nostálgico producido por Benito Perojo que llevaba por título "La Violetera", para la cual había comenzado incluso a ensayar algunas escenas. Pero el avispado Perojo viendo el arrollador éxito de Sara Montiel con "El último cuplé", que convertiría a la actriz manchega de la noche a la mañana en la mayor estrella de nuestro cine, decidió jugar la baza comercial segura ofreciendo a Sara protagonizar el filme, con gran disgusto de Carmen que veía de este modo arrebatado el cetro del cine español que había ostentado hasta ese momento. La cinta se convertiría en un enorme éxito, confirmando estatus de la Montiel en la pantalla que no haría sino crecer en los siguientes años. Ese mismo año estuvo también a punto de protagonizar otro de los grandes éxitos de la época, la película "¿Dónde vas Alfonso XII?" que constituyó el cenit de la carrera de su gran amiga Paquita Rico. Paquita era desde el primer momento la actriz elegida para dar vida a la reina María de las Mercedes, pero desavenencias surgidas entre la estrella y los productores de la cinta hicieron que el papel le fuera ofrecido a Carmen, la cual aceptó. La Rico viendo peligrar lo que era a todas luces el mejor papel de su carrera cedió y terminó haciéndose con el personaje.


No obstante ella siguió manteniendo en alza su popularidad en la simpática comedia de Ignacio F. Iquino, "Secretaria para todo" (1958), junto a Tony Leblanc donde efectuaba una personalísima versión de "Las coplas de Luis Candelas" y en la cuarta entrega de la saga "Pan, amor y..." que había dirigido en Italia Vittorio De Sica con Gina Lollobrigida y Sofía Loren respectivamente. El filme de Carmen se llamó "Pan, amor y Andalucía" (1959) dirigida por Javier Setó bajo la supervisión de De Sica coprotagonista del filme. Lo cierto es que a pesar de las buenas intenciones puestas en la producción, sería la más floja de las cuatro entregas de la serie, quedando tan solo para la posteridad la rutilante belleza de su protagonista y una frenética "Tarantella" en la que Carmen mostraba a placer sus espectaculares piernas acentuadas por un montaje que identifica a De Sicca como el gran erotómano que era. Esta misma parte de su anatomía hizo que fuese censurada su intervención en "Europa di notte" (1958), en donde bailaba un frenético tanguillo en un "tablao" madrileño que encendería las iras de los censores de la época. 


Su carrera en el cine continuaba imparable y la artista intentaría completar su felicidad con el éxito personal. En 1961 contrajo matrimonio con el compositor Augusto Algueró que además de ser uno de los músicos más populares del momento, se dedicaría a dirigir la carrera musical de su esposa escribiendo la práctica totalidad de melodías para sus siguientes películas y espectáculos. Fruto de esta unión nacería su único hijo, Augusto Algueró junior. A pesar de tan brillantes inicios el matrimonio resultaría bastante tumultuoso debido a las continúas infidelidades del compositor que darían al traste con la convivencia de la pareja, separándose en 1974.


El mismo año de su unión con Algueró viviría su segunda experiencia americana desempeñando el rol de María Magdalena en la superproducción de Samuel Broston rodada en España "Rey de Reyes" (King of Kings) dirigida por Nicholas Ray con Jeffrey Hunter en el papel de Jesús de Nazareth. La película sería una buena muestra de cine bíblico de excelente factura que obtendría una buena acogida comercial. El papel de Carmen era breve pero importante por lo que la artista se beneficiaría del éxito de la cinta, lo que le permitió entre otras cosas intervenir en 1965 en el célebre show de Ed Sullivan, uno de los programas históricos de la televisión norteamericana. Diez años más tarde de "Rey de Reyes" efectuaría su última participación internacional en la película "Marco Antonio y Cleopatra" (1972), una arriesgada apuesta rodada en nuestro país por el mismísimo Charlton Heston, que interpretaba al personaje titular mientras nuestra estrella se hacía cargo con gran dignidad del secundario rol de Octavia, la esposa romana del protagonista.


Durante la década de los sesenta las propuestas que la estrella recibiría en el cine resultarían cada vez menos interesantes. Además de intervenir junto a Lola Flores y Paquita Rico en la comentadísima "El balcón de la luna" (1962), que constituiría "el canto del cisne" del cine folklórico, la carrera de Carmen se vería repartida entre alguna tentativa dramática como la coproducción hispano-argentina "El secreto de Mónica" (1961), comedias musicales intrascendentes como "Crucero de verano" (1964) y los intentos por mantener vivas algunas fórmulas del pasado dándoles cierto aire de modernidad. En esta última línea rodaría una tercera versión de la novela de Armando Palacio Valdés "La Virgen del Rocío ya entró en Triana" titulada para la ocasión "Camino del Rocío" (1967), un trasnochado asunto basado en el popular pasodoble del Maestro Padilla "El Relicario" (1969), ambas dirigidas por Rafael Gil y una coproducción hispano-mexicana que empleaba la vieja fórmula de mezclar el folklore de ambos países titulado "La guerrillera de Villa" (1968) del especialista en el género Miguel Morayta. En este último filme la estrella cantaba por segunda vez en la pantalla su "Carmen de España" convertido ya en icono artístico propio, además de algunos celebres temas mexicanos como "La cucaracha", "La Adelita" o "Jesusita en Chihuahua". La película fue en principio planteada como un vehículo de lucimiento para Sara Montiel, que rechazó el papel desconfiando de las posibilidades del argumento entre el público, lo que le costó un serio encontronazo con el productor Cesáreo González que terminó en pleito ante los tribunales. La Saritísima perdió el juicio por incumplimiento de contrato, aunque el tiempo daría la razón a la estrella manchega, ya que la cinta pasaría sin pena ni gloria en la mayoría de las salas en las que fue proyectada anunciando el desgaste de un modelo que estaba llegando al agotamiento... (continuará)


miércoles, 8 de mayo de 2019

"Y sin embargo, te quiero" (Quintero, León y Quiroga)



Nos encontramos antes una de las coplas más hermosas jamás escritas y uno de los temas más difíciles de abordar tanto a nivel musical como interpretativo. Fue escrita por Quintero, León y Quiroga para Juanita Reina quién la estrenó en el teatro Reina Victoria de Madrid en 1948 dentro del espectáculo “Salero de España” realizando una creación que sigue resultando antológica y que se convertiría en una de las joyas de su repertorio.


La artista sevillana siempre refirió que era una de las canciones más exigentes a las que se había enfrentado dada la fuerza que requería a la hora de ser interpretada en toda su extensión vocal y dramática. El éxito obtenido por esta zambra propició que Juanita realizase una primera grabación en disco el mismo año de su estreno, que curiosamente no contenía la versión completa del tema, solo aparecía el primer recitativo y la repetición del estribillo tras un pasillo musical. Algunas hipótesis apuntan que la artista no pudo grabar el tema en su totalidad dada su larga duración (más de 5 minutos) y las limitaciones impuestas por los primitivos discos de pizarra de la época, aunque también es posible que en aquel momento se ejerciera cierta censura sobre los versos de la segunda parte en los que la historia se centraba sobre el fruto de los amores ilícitos de la protagonista y el desaire del hombre que la engañó a quién a pesar de todo sigue amando ciegamente… “Vives con unas y otras y “na” se te importa de mi soledad… Sabes que tienes un hijo y ni el apellido le vienes a dar”. Sería Concha Piquer que la incluiría en su último espectáculo “Puente de Coplas”, quién una década después, en 1958, registrase la primera grabación íntegra de esta canción ya con sistema estereofónico en una versión igualmente magnífica y llena de matices como solía brindarnos la artista valenciana. Juanita la volvería a grabar en 1972 ya con la duración original en un disco que repasaba sus principales éxitos.



Sería la artista sevillana quién la llevase también a la pantalla en la película “Vendaval” dirigida en 1949 por Juan de Orduña, que se convertiría a la postre en una de los títulos menos conocidos de su filmografía, hoy en día dificilísimo de encontrar ya que la práctica totalidad de negativos desaparecieron en un incendio conservándose tan solo una copia bastante deteriorada en Sudamérica. En ella la estrella plena de belleza, en su cumbre artística, la interpretaba con la letra ligeramente alterada para adaptarla a la historia que se contaba en el filme. La segunda vez que esta hermosa zambra aparecería en la pantalla lo haría en tono de parodia en la voz de José Sacristán en la comedia "Yo me bajo en la próxima ¿Y usted?" protagonizada junto a Concha Velasco y dirigida por el actor en 1992.


Sin duda alguna la Reina es la artista más asociada a esta bellísima canción y la que más veces la interpretó en los escenarios. La cantó por última vez en el espectáculo “Azabache” estrenado dentro de la Expo de Sevilla de 1992, donde Juanita realizaba un recorrido sentimental a lo ancho y largo de la historia de la Copla junto a mitos como Imperio Argentina, Nati Mistral o Rocío Jurado. En él la artista de 67 años aún daba lecciones de estilo y sabiduría escénica a pesar de que sus condiciones vocales se encontraran ya bastante mermadas. 


Además de Juanita, han sido muchos los intérpretes de la canción que se han acercado a esta zambra enamorándose del sentimiento romántico impreso en sus notas, desde la inmortal y ya nombrada Concha Piquer, hasta artistas de la talla de Rocío Jurado, Isabel Pantoja, Ana Belén, María José Santiago, Martirio o Charo Reina. Su hechizo ha cautivado a nuevos valores de la Copla como Pasión Vega, Pastora Soler, Miguel Poveda o Clara Montes, a intérpretes del otro lado del Atlántico como Olga Guillot, La Lupe, Toña la Negra e incluso el dúo Pimpinela, a cantautores como Rozalen e incluso a cantantes Pop como la estupenda Marta Sánchez, que grabó en 1999 una adaptación melódica reafirmando la calidad de este tema en un disco recopilatorio donde varios artistas del momento rendían homenaje a la Copla aprovechando el “revival” del género a partir de los años 90, acercando el legado inmortal de nuestra historia musical a las nuevas generaciones.




martes, 5 de febrero de 2019

"La Blanca Paloma" (1942) Claudio de la Torre




Esta adaptación de la novela de Alejandro Pérez Lugín “La Virgen del Rocío ya entró en Triana” supuso el debut cinematográfico de Juanita Reina, que a la postre se convertiría en la mayor estrella folklórica de la pantalla durante los años 40 del pasado siglo. La película fue inicialmente planteada como un vehículo para la simpática Estrellita Castro, que era una de las figuras más relevantes de la copla y el cine musical, con una estatura casi mítica ya por entonces. Sin embargo el personaje dicharachero y alegre que la artista sevillana desarrollaba habitualmente en la pantalla comenzaba a dar síntomas de agotamiento, lo que jugó como baza a favor de una chiquilla de apenas 17 años que se había alzado como una de las revelaciones del momento con su debut en el espectáculo “Los Churumbeles”. A raíz de este éxito la artista llamó la atención del director Florián Rey propiciando la entrada en el mundo del cine y su presentación en la pantalla como protagonista de esta película. Lo cierto es que el film no pasó de ser una producción mediocre de escaso presupuesto, en un momento en que la industria cinematográfica española se estaba resarciendo de las profundas heridas provocadas por la guerra civil, y con un argumento archisabido, en el que lo único destacable es el atractivo de su protagonista y su talento a la hora de interpretar maravillosamente cuatro coplas de León y Quiroga. Sin embargo abrió el camino para que la artista desarrollase un interesante carrera cinematográfica, que acompañada de sus espectáculos teatrales, la convirtió en poco tiempo en uno de los puntales indiscutibles del cine y la canción española, sentando muchas de sus bases y formando parte de la leyenda del género en su época de máximo esplendor. 


El argumento se centraba en las alegrías y desgracias de Esperanza, una señorita adinerada venida a menos y los conflictos derivados de su relación con dos hombres, uno rico y tarambana y otro honrado y trabajador. Todo ello con el telón de fondo de la Feria de Sevilla y la romería del Rocío, donde la devota protagonista obtenía el amor del hombre pobre y leal que la había amado y defendido en silencio durante años. Acompañando a la joven sevillana el galán portugués Tony D´Algy, una de las estrellas olvidadas de nuestro cine que tendría una nutrida carrera en nuestro país durante los años treinta y cuarenta, Félix Fernández, uno de los secundarios imprescindibles del cine español y la actriz Josefina de la Torre, hermana del realizador. 



El canario Claudio de la Torre, pionero del cine sonoro español dirige la película de forma artesanal, sin grandes intenciones creativas, ni técnicas, más allá de algunas interesantes secuencias que se mantienen como documento sobre la romería del Rocío y la Sevilla de posguerra. Aunque no tuvo una carrera muy destacada en el cine fue un hombre de gran talento novelista, poeta y dramaturgo además de director.


Al igual que otras obras de Pérez Lugín, como “Currito de la Cruz” o “La casa de la Troya”, este mismo argumento sería llevado a la pantalla en otras dos ocasiones. La primera “Sucedió en Sevilla” (1955) dirigida por José Gutiérrez Maesso  fue producida y protagonizada nuevamente por una Juanita Reina ya en su madurez, bastante más interesante como actriz y cantante que en su predecesora. Y la segunda en color dirigida en 1966 por Rafael Gil con el título de “Camino del Rocío”, con Carmen Sevilla en el papel de la “señíta Esperanza” y Paco Rabal y Arturo Fernández como los galanes que se disputan el amor la protagonista. Esta última versión rodada completamente fuera de tiempo, en pleno apogeo de la música pop, evidenció el agotamiento del género y las viejas fórmulas que habían causado furor dos décadas antes, aunque la belleza y gracia de su protagonista y la sabiduría de su director hacen que el espectáculo aún funcione con cierto encanto trasnochado no exento de eficacia.