jueves, 10 de mayo de 2018

"La Lola se va a los puertos" (1947) Juan de Orduña





Esta adaptación a la pantalla de la popular obra de los hermanos Machado, fue uno de los más importantes taquillazos del cine español de los años cuarenta, convirtiendo a su protagonista, Juanita Reina, en una de las estrellas indiscutibles del celuloide folklórico. Desde la semirretirada de Imperio Argentina, que fue la primera opción de Orduña para el papel, y Estrellita Castro el musical patrio se encontraba yermo de figuras cinematográficas y la Reina brilló en estos años ocupando el espacio que habían dejado huérfano estas importantes figuras,  a la espera del nuevo filón generacional que comenzaría a despuntar a finales de la década de los cuarenta en el rostro y la voz de Carmen Sevilla, Lola Flores y Paquita Rico, las tres principales estrellas que darían impulso al género prácticamente hasta su desaparición como fenómeno de producción masiva en la pantalla.




A pesar de ciertas reticencias iniciales, ya que la actriz contaba tan solo 25 años cuando la protagonista de la obra es una mujer entrada en la cuarentena, Juanita es el alma de la película y Orduña con su intuición y sabiduría para fabricar luminarias sabe fotografiarla y rodearla de una aureola mítica, que la convierte en representante de la copla errante y el sentimiento de un pueblo, que busca reivindicar en el lamento de sus notas la emoción de su alma poética y apasionada. De todo ello da habida cuenta el fantástico plano final, en el que el rostro de la protagonista se funde con las olas de un mar agitado a los acordes de “Una cantaora”, una de las mejores creaciones de León y Quiroga, mientras una voz en off (el propio Orduña) recita los célebres versos de los Machado que dimensionan su figura introduciéndola en la leyenda:

                               “Ni una, ni uno,

                               Cantaora o cantaor,

                               Ni los vivos ni los muertos,

                               Cantó una copla mejor

                               Que la Lola…

                               Esa que se va a los Puertos

                               Dejando la Isla sola.”

La película fue concebida como una producción de altos vuelos, contando con unos medios importantes para aquellos años de postguerra. El propio Orduña ejerció el papel de productor junto a su protagonista, aunque la cinta sería distribuida por Cifesa, que era la compañía cinematográfica española más importante de la época, lo que garantizo su exhibición en todas las salas del territorio nacional con enorme éxito. Sin duda una parte importantísima del mismo se debe a las canciones del filme que en la voz “de oro” de Juanita Reina adquirieron una inmediata popularidad refrendada en los espectáculos de la estrella sevillana. Entre las mismas se encuentra el celebérrimo pasodoble “Francisco Alegre” un de los puntales del repertorio de la artista y de la copla en general.




Acompañando el protagonismo absoluto de la tonadillera se encuentran algunos de los actores más importantes del momento. Manuel Luna como el sobrio y fiel Heredia, Jesús Tordesillas  y Ricardo Acero como el padre y el hijo en disputa por los amores de Lola y Nani Fdez como la remilgada Rosario, prometida del galán y contrapunto del temperamento espontáneo y saleroso de la protagonista que desencadena el drama. Como anécdota reseñar que en un pequeño papel de figurante se puede vislumbrar a un jovencísimo Paco Rabal, que iniciaba por entonces su andadura profesional.




Esta “Lola” es por tanto un ejemplo muy digno de cine folklórico que sentaría muchas de las bases del género tras la guerra civil, periodo en el que el cine musical se acartonó perdiendo parte de la frescura y dinamismo de los títulos rodados a principios de los años treinta por Florián Rey o Benito Perojo entre otros. Parece ser que el propio Orduña tuvo en mente durante años realizar una nueva versión en color del asunto, que le ofrecería inicialmente a una madura Juanita Reina en un momento mucho más acorde para interpretar el personaje y posteriormente a una Sara Montiel ya en su declive como estrella de cine a finales de los años 60, pero de un modo u otro el proyecto nunca llegó a ver la luz. No sería hasta 1993 que la obra fuese llevada de nuevo a la pantalla bajo la dirección de Josefina Molina, que realizaría una adaptación mucho más fiel a la versión de los Machado para mayor gloria de la inolvidable Rocío Jurado, en la que un magnífico Paco Rabal, figurante en la película de los años cuarenta, interpretaba el papel del hacendado Don Diego, como si la magia del cine hiciera de algún modo un guiño uniendo presente y pasado.




Un título clave en la filmografía de Juan de Orduña y ocasión de entender un modo de hacer cine de uno de los directores que más éxitos dio a la historia de nuestro cine, a la par que uno de los más controvertidos e injustamente vilipendiados con el paso del tiempo, cuya obra merece una sincera revisión.



domingo, 21 de enero de 2018

Carmen Sevilla... La etapa dorada en el cine (2ª Parte)



Con "El sueño de Andalucía" (1950)  junto a Luis Mariano se convierte en estrella, no solo en España sino en Francia, donde Luis Mariano era un auténtico ídolo. La película dirigida por Luis Lucia en la versión española y Robert Vernay en la francesa, alcanzó una rápida popularidad gracias al encanto y simpatía de Carmen y a la voz única de Mariano, que convertiría todas las canciones de la cinta en éxitos fabulosos, especialmente el pregón "El Botijero", que Mariano cantaba por las calles de un imaginario pueblo andaluz con su sempiterna sonrisa y optimismo a ultranza. Planteada como un gran producción, daría a "Carmencita" la oportunidad de proyectar su imagen más allá de nuestras fronteras, su belleza y arte traspasarían la pantalla conquistando el corazón de los franceses, lo que se tradujo en la colaboración en varias coproducciones con el país vecino, como el melodrama ambientado en el mundo del cine con la participación de la "vamp" Martine Carol titulada "El deseo y el amor" (1951), un musical con el "chansonier" Georges Guetary, "Pluma al viento" (1952) y una comedia con el ídolo nacional Fernandel, "El amor de Don Juan" (1956) entre otras.




Ninguno de estos títulos adquirió de lejos el impacto de su siguiente película junto a Luis Mariano, "Violetas Imperiales" (1952), convirtiéndose en uno de los filmes fundamentales de su carrera y uno de los títulos emblemáticos de nuestro cine. La película era una producción muy cuidada y con un tema predilecto de la tonadilla de siempre, la historia de la Emperatriz Eugenia de Montijo y la gitanilla que lee su destino en las rayas de la mano. Un cuartero de canciones pegadizas inmortalizadas por las soberbia voz de Mariano y la espectacular belleza de Carmen hicieron las delicias del público dentro y fuera de nuestro país, colocándola en un lugar de privilegio, a la cabeza de las actrices de la pantalla española. En los años siguientes dos avispados productores se repartirían a la estrella con gran fortuna para ambos, Benito Perojo y Cesáreo González, dando una proyección de primer orden a su carrera.





"La Bella de Cádiz" (1953) una pandereta desmadrada llena de falso pintoresquismo, que había abierto al tenor irunés las puertas del teatro en Francia, sería su última colaboración juntos. Sin Mariano protagonizaría dos de los títulos más folklóricos de su carrera junto al galán Jorge Mistral, con quién formaría otra "parejita ideal de tarjeta postal". El primero de ellos sería la tercera versión de la novela de Palacio Valdés "La hermana San Sulpicio" (1952), con el archiconocido tema de la señorita andaluza metida a monja dicharachera y cantarina, en el que estuvo magnifica aunque sin borrar el recuerdo de la gran Imperio Argentina, su predecesora cinematográfica. El segundo filme sería un tremendo melodrama titulado "Un caballero andaluz", donde interpretaba a la gitanilla ciega "Colorín" capaz de cambiar con su alegría y bondad la vida de todos cuantos le rodean recuperando como premio la vista y llevándose a Mistral al altar.




Llegado este punto Perojo produjo un delicioso vehículo pensado completamente a su servicio basado en la obra de Alarcón "El sombrero de tres picos" dirigida por el argentino León Klimovsky, "La pícara molinera" (1954). La interpretación de Carmen llena de desbordante vitalidad superó con creces a la encarnación que del mismo tema rodaba por entonces Sofia Loren a las órdenes de Vittorio De Sica en Italia con el título de "La bella campesina". Pero todas sus intervenciones anteriores quedaron borradas ante su formidable Catalina de "La fierecilla domada" (1955), realizada con su sabiduría habitual por Antonio Román según la célebre obra de Shakespeare, que le valió el premio a la mejor actriz concedido por el Sindicato Nacional del Espectáculo de aquel año. Carmen sorprendió a propios y extraños con una interpretación llena de fuerza y sabiduría, demostrando lo mucho que podía dar de sí como actriz bien dirigida en el papel adecuado, como volvería a demostrar dos años después en "La Venganza" (1957), una de sus películas más ambiciosas dirigida por Juan Antonio Bardem, en la que daba vida a la campesina Andrea, un personaje duro y difícil que la desnudaba de cualquier artificio. Por primera vez en su carrera el argumento y la historia estaban por encima de la actriz y no a su servicio y ella aprovechó esta oportunidad para ofrecer nuevos registros hasta entonces nunca vistos en la simpática y dicharachera estrella. Situada en medio de un triángulo formado por dos actores excepcionales, el italiano Raf Vallone y el español Jorge Mistral, ofrecería una de las mejores interpretaciones de su carrera en este drama rural con el mensaje de la reconciliación nacional como telón de fondo. Debido a su carga política el filme sufrió las iras de la censura franquista que acortó su metraje en cerca de una hora. No obstante la cinta fue nominada a los Oscars de Hollywood en la categoría de mejor película en lengua extranjera, que aquel año ganó la comedia de Jacques Tati "Mi tío" (Mon Oncle)... (continuará)



lunes, 25 de diciembre de 2017

Lola Flores... Triunfo en España y América" (3ª parte)



Tras su separación de Caracol en 1952, firma un famoso contrato con el productor cinematográfico Cesáreo González por la astronómica cifra de dos millones de pesetas de la época, que incluía el rodaje de varias películas y presentaciones personales en la América hispanoparlante. El primer título de su compromiso con el productor gallego sería una entretenida cinta de bandidos, "Estrella de Sierra Morena" (1952), llena de falsos tópicos y el irresistible flamenquismo barroco sobre el que se comenzaría a cimentarse su leyenda. Ella era la hija del corregidor criada desde pequeña por una partida de bandoleros generosos, que al crecer sin ser consciente de su condición se enamora de un capitán de Migueletes con el rostro y la figura de Rubén Rojo, galán con el que la artista viviría un corto romance fuera de la pantalla. Además del arte de Lola, una vez más se usaba el reclamo del Cinefotocolor para aumentar el atractivo de la historia. Dirigió el inevitable Ramón Torrado, realizador de la mayor parte de la producción folklórica de los años cincuenta. Tras el rodaje Lola parte rumbo a México a cumplir con la siguiente parte de su contrato.



Debutó el 12 de mayo de 1952 en la Sala Capri del D.F obteniendo un éxito estruendoso ante un público selecto que, parece ser, quedó hipnotizado por la fuerza de su cante y baile absolutamente intuitivos. Tras su formidable debut mexicano, Lola recorrería con igual fortuna los mejores locales de Buenos Aires, Río de Janeiro, Bogotá, Caracas, Montevideo, La Habana, Puerto Rico y Nueva York, cosechando sonados triunfos a la par que sentaba cátedra racial, convirtiéndose de este modo en la embajadora de todos los tópicos atribuibles a la madre patria. De regreso a México aprovecharía su estancia para rodar un par de títulos. El primero de ellos sería "Reportaje" (1953), una cinta multiestelar dirigida por Emilio Fdez "El Indio", donde se interpretaba a sí misma en medio de un impresionante reparto en el que aparecían de forma episódica las mayores estrellas del cine hispano americano. El segundo sería un vehículo pensado exclusivamente para su lucimiento dirigido por Miguel Morayta que se convertiría en uno de sus mayores éxitos en la pantalla, "Pena, penita, pena" (1953). Escoltada por los populares "Charros" Antonio Badú y Luis Aguilar, Lola se lucía en medio de una historia que le permitía lucir al máximo sus facultades artísticas, arrebatando al público con una soberbia creación de la Zambra que da título a la película, rodada en una sucesión de primeros planos en los que la artista trasmite un realismo escalofriante. Esta fue la primera coproducción con México realizada por el avispado Cesáreo González, que daría inicio a lo que pudiéramos definir como "cine de castañuela y espuelas" aludiendo a la mezcla del folklore de ambos países y la única que tendría un éxito importante siendo estrenada con todos los honores, ya que la mayoría de títulos de este subgénero rodados posteriormente serían estrenados en locales de segunda categoría, generalmente como complemento de programa. De hecho el resto de vehículos mexicanos de la jerezana pasarían de la medianía a la mediocridad más absoluta y previsible.



Sin embargo ella obtuve otro triunfo personal a su regreso a España en honor de multitudes con su primer espectáculo en solitario tras su ruptura con Caracol, "Copla y Bandera" (1953), donde comenzaría a forjarse su leyenda. En 1954 se metió en el difícil "embolao" de sustituir a Imperio Argentina en una nueva versión de "Morena Clara" dirigida por Luis Lucia, que realizó un filme entretenido aunque lejos del encanto y calidad de su antecesor. Acompañada por Fernando Fernán Gómez en el papel del fiscal y Miguel Ligero repitiendo el personaje de "Regalito", esta versión en color y con notables alteraciones sobre el original queda como un vehículo para fans de Lola, en el que la artista se esfuerza por emular a la gran Imperio a base de chascarrillos, salero gitano y chistes de fácil digestión, a años luz de la matizada e inolvidable interpretación de su antecesora. Aún así sin duda lo más destacable de la cinta sigue siendo la participación de su protagonista y su magnetismo dando vida a las canciones.



En su siguiente título "La hermana alegría" (1954), llevaba a cabo otra de las transformaciones preferidas del cine folklórico español. de flamenca amable a monja salerosa, que lo mismo retira del "mal camino" a chicas descarriadas que se arranca por bulerías, demostrando que el cante y el baile no están reñidos con los hábitos por muy elevados que estos sean. A falta de otros alicientes Lola nos deleitaba en una escena onírica con una de sus creaciones más famosas "La Zarzamora", interpretada de forma insuperable como emblema de su arte personalísimo. Llegado este punto se empeño en demostrar que ante todo podía ser una buena actriz al estilo popular de Anna Magnani, declarando que se sentía desaprovechada por un tipo de cine que no aprovechaba su talento dramático, eligiendo para demostrarlo "La danza de los deseos" (1954) un film  que como mucho la mostró histérica y sobre actuada. Realizada por un Florián Rey ya decadente y falto de inspiración, pretendió ser un título de calidad que resultaría mediocre y poco creíble, uno de los peores de su director, a pesar de que la publicidad pagada de Suevia Films se jactaba de anunciar pomposamente "Una nueva Lola Flores en una película que causará sensación", "La consagración de Lola Flores como primerísima actriz dramática", "Distinta a todas sus creaciones anteriores, Lola Flores le entusiasmará en La Danza de los deseos". Nada de esto por desgracia se noto en la película, ni en la taquilla. Intentando darle un aire de "maggiorate" de neorrealismo italian0, se la llevaron a un islote solitario criada por un ciego y mostraron su esplendida naturaleza hasta donde la censura de entonces permitía. La niña ya crecidita conocía al galán José Suárez del cual se enamoraba y de su mano huía a Marsella, cayendo a raíz de una seria de infantiles circunstancia en el mundo del hampa y la prostitución, todo ello narrado a través de unos diálogos que rayaban el ridículo. Con tan "altas premisas" la artista esperaba obtener el premio a la mejor actriz del Festival de San Sebastián de aquel año y apenas pudo disimular su enfado cuando este recayó en Marisa Paredes por su intervención en el filme "La patrulla" (1954) de Pedro Lazaga. 





Lo cierto es que el potencial dramático al que Lola aludiría a lo largo de toda su carrera, no tuvo el tratamiento adecuado hasta muchos años más tarde. Los productores preferían jugar la baza segura de su fuerza racial para el cante y baile, obviando lo que la artista podía dar de sí en otro cine y otra industria más ambiciosas, menos estereotipadas... (continuará)

lunes, 4 de diciembre de 2017

Carmen Sevilla... La novia de España (1ª parte)



Poseedora de una belleza soberana y una simpatía arrebatadora, la dama de las ovejitas fue en su juventud "la novia de España", la sonrisa más sana y feliz exportada allende nuestras fronteras. De la mano de Luis Mariano se convirtió en una estrella cinematográfica de primera magnitud, gracias sobre todo a esas "Violetas Imperiales" con las que conquistó al público dentro y fuera de nuestro país, pero antes del feliz encuentro con "el príncipe de la Opereta" la simpática Carmencita llevaba rodadas seis películas en las que ya había dejado patente su fotogenia y su talento para el cante y el baile, que la convertirían en una de las favoritas de la década de los cincuenta, formando junto a sus amigas y comadres Lola Flores y Paquita Rico lo que dio en llamarse "el triunvirato del cine folklórico" o en palabras del siempre ocurrente Terenci Moix "El filón del Osú".


Cuando ya asentada su carrera se le dio la oportunidad de abordar proyectos de mayor calado descubrimos con admiración que además podía ser una buena actriz, sin duda alguna la más versátil y cinematográfica de cuantas estrellas de la canción andaluza surgieron al amparo del esplendor del género en la pantalla, con el permiso de Paquita Rico, aunque Carmen tendría a la larga una carrera más interesante y duradera que esta otra. De todas ellas Carmen fue la que desempeñó un papel más moderno, seguramente porque su físico y su voz se alejaban un tanto de la imagen racial al uso. Vino a representar un papel parecido al de las vecinitas de enfrente del cine americano. Aunque hubo concesiones al folklore tradicional siempre estuvo más cercana a la novia confidente, la compañerita ideal, la amiga cercana, que al carácter pasional de Paquita o el temperamento arrebatador de Lola. Como ella misma proclamaba en su canción bandera siempre fue aquella "Carmen de España, cristiana y decente", nunca sorprendería con hijos a destiempo, amores encontrados, ni pasiones contradictorias. Carmencita fue durante años la mayor representante de las virtudes de "la raza" y como tal se la mimó tanto artística como socialmente. Su carrera e imagen fueron sabiamente cuidadas dosificando las dosis de ternura, sofisticación y controlada sensualidad a partes iguales. Porque no podemos olvidar que Carmen era, como se decía entonces, una real hembra que siempre jugó al erotismo inocente aunque repleto de picardía, capaz de protagonizar el despertar sexual de toda una generación.




Carmen García Galisteo nació el 16 de Octubre de 1930 en Sevilla. Hija del letrista de canciones andaluzas José García Padilla, más conocido como "Kola", fue tentada por el gusanillo del arte desde edad muy temprana. Con tan solo trece años debutó en la compañía de Estrellita Castro, amiga de su padre, en el espectáculo "Rapsodia Española". Posteriormente formó parte de las compañías de El Príncipe Gitano, Paco Reyes y el Marqués de Montemar, en la cual se encontraban también dos jóvenes talentos destinados a convertirse en primerísimas figuras cada una en su estilo, Paquita Rico y la bailarina Ana Esmeralda. La carrera artística de Carmen y Paquita está trazada con cierto paralelismo, ya que las dos interpretaron papeles que en algún momento alguna de ellas rechazó y las dos fueron probadas para el personaje protagonista de "Serenata Española", (1946) de Juan de Orduña, que terminaría interpretando Juanita Reina. En cualquier caso Carmen logró hacerse con un pequeño papel en aquella película, una biografía de Isaac Albéniz, que se convertiría en su desconocido debut en la gran pantalla. Un año antes en 1945 había participado con un papel sin frase en el documental de Domingo Viladomat "Hombres ibéricos" donde se hacía patente su excepcional fotogenia, en cualquier caso su primera intervención destacable la realizaría coprotagonizando junto al astro latino Jorque Negrete la película "Jalisco canta en Sevilla" (1947), considerándose este el verdadero arranque de su carrera cinematográfica. Recibiendo su primer beso del Charro por excelencia, Carmencita entra en el mundo del cine por la puerta grande y con una proyección importante para una debutante, dado que la cinta era la primera coproducción con México realizada en nuestro país.




Su siguiente filme también tendría carácter de coproducción, en este caso con Argentina, aunque "La guitarra de Gardel" (1948) fue una rutinaria historia planteada para el lucimiento del cantante de tangos Agustín Irusta, donde se limitó a poner encanto en su baile y decorar con su presencia las hazañas del protagonista. Secuestrada en adelante por el cine se convirtió en la prometida "del hijo" de Conchita Piquer, en uno de las escasas incursiones en el cine de la reina de la copla en "Filigrana" (1949) dirigida por el veterano Luis Marquina con su habitual sabiduría. Hasta ese momento Carmen se había limitado a ser el contrapunto de grandes figuras de la canción en filmes montados para el lucimiento de dichas estrellas, pero en su siguiente película "La Revoltosa" (1949) recibiría su primer protagonista absoluto. Poco importó que su voz fuese doblada en los diálogos, su frescura interpretativa y su belleza se hicieron limpiamente con el papel de la célebre Mari Pepa, lo mismo que sucedería con el simpático casticismo del excelente Felipe interpretado por un jovencísimo Tony Leblanc en una de sus primeras intervenciones importantes. Tras el éxito de este filme se pondría a las órdenes del mítico Florián Rey en "Cuentos de la Alhambra" (1950) basado en la novela de Washington Irving y tendría su primer encuentro con una de sus parejas ideales, al que permanecerá eternamente asociada en la memoria sentimental de varias generaciones, el inolvidable Luis Mariano... (continuará)

domingo, 3 de diciembre de 2017

Coplas inmortales... "Pena, penita, pena" (Quintero, León y Quiroga)



Escrita para Luisa Ortega, hija del inolvidable Manolo Caracol, fue estrenada por esta en el espectáculo "Copla nueva" en 1951, donde aparecía junto a su padre en un intento de remendar la mítica pareja que el cantaor había formado junto a Lola Flores, cuya reciente separación había sembrado de incertidumbre su continuidad en los escenarios. Sería precisamente la temperamental Lola quién popularizase esta copla en una estremecedora versión incluida en la película del mismo título que "la Faraona" rodaría en México como parte de su contrato con Cesáreo González en tierras americanas. La interpretación de Lola es arrebatadora, no solo consiguió hacer suyo cada compás sino que en adelante esta sería una de las piezas angulares de su repertorio, aún hoy asociada a su memoria, relegando a un segundo plano a su creadora original.




Lo cierto es que Luisa Ortega no tuvo la suerte que su voz y personalidad merecían. Fue una magnífica cantante, pura y racial, a la que le cayó en suerte la difícil papeleta de reemplazar la fuerza de Lola en los escenarios, ya que para el público el recuerdo de la gaditana iba inevitablemente asociado al de su padre, comparanza en la que cualquier artista saldría mal parado. No sería esta la única creación de Luisa que Lola hiciera célebre por todo el mundo, igual caso se daría con otra zambra famosa "Limosna de amores", estrenada también por ella y popularizada a través del cine y la canción por Lola con formidables resultados.






La historia de la canción española está llena de casos similares, los autores eran los dueños y señores de sus obras y aunque las escribiesen pensando en una artista o espectáculo concretos, las cedían a otras estrellas del género con el afán de rentabilizarlas o como en el caso que nos ocupa popularizarlas por todo el mundo, ya que la proyección de las figuras del cine no tenía parangón con las del teatro en ese momento.




Esta inmortal zambra dramática y excesiva hasta la locura ha sido fuente de inspiración para muchos otros, aunque ninguno ha conseguido superar la vibrante interpretación de Lola Flores, pieza clave de todo el repertorio, lo que hizo que durante muchos años ningún artista se atreviese con ella. Sin embargo ha tenido singulares versiones en boca de Carlos Cano, Joan Manuel Serrat, Malú, Isabel Pantoja, Lolita, Falete, la actriz Gala Évora en la biografía que interpretó para la pantalla sobre la vida de Lola y Clara Montes entre otros... Incluso el trío latino Los Panchos se hizo eco de esta bellísima copla en una versión dulce y aterciopelada como su música.







sábado, 11 de noviembre de 2017

Estrellita Castro... Declive y final (3ª parte)



Durante los años cuarenta Estrellita continúa su carrera en los escenarios con espectáculos como "Policromías de España" y "Romería", con los que recorre todas las capitales españolas, aún con éxito. En 1953 reaparece en la pantalla con la coproducción mexicana "Gitana tenías que ser", protagonizada por su ahijada artística Carmen Sevilla junto al ídolo azteca Pedro Infante. A ella le tocó en suerte el rol secundario de la tía de la artista, en el que volvió a desplegar todos los recursos cómicos que le habían hecho famosa llevándolos a la exageración, evidenciando de este modo que su momento comenzaba a pasar.




A finales de los años cincuenta empezaron a tributársele los primeros homenajes, pero ella se resistió a retirarse a pesar de que ya era considerada una figura del pasado. Con su brío característico continuó realizando presentaciones personales en los espectáculos "Abanico español" (1961), "De América a España" (1965) y "Operación simpatía" (1967). A finales de los años 60 efectúa una nueva colaboración cinematográfica en la película "La niña del patio" (1967), mediocre filme y absoluto fiasco que abarataba el cine popular en un asunto falto de toda inspiración a pesar de contar con la intervención de diversas figuras muy populares, entre ellos Pepe Blanco, Juanito Valderrama y Dolores Abril. En 1970 participa en "La casa de los Martínez", película dirigida por Agustín Navarro al amparo del popular programa de televisión de entonces y dos años después realiza su última aparición en la pantalla en la comedia "Casa Flora" (1972), protagonizada por Lola Flores, donde se marcaba un surrealista tanguillo por teléfono con "La Faraona" que rallaba la genialidad y que ambas artistas convertían en la mejor secuencia de un filme por otro lado más que discreto.




Los últimos años de su vida ofrecieron una triste imagen de la estrella de antaño, con sus facultades considerablemente mermadas aunque acompañada siempre de su proverbial simpatía, siguió trabajando allá donde quisieran contratarla. Se comentó que estaba arruinada y que seguía trabajando por pura necesidad, pero lo cierto es que ella se hartaba de declarar a los periodistas que no pensaba retirarse nunca porque el escenario era su vida. Murió un 10 de Julio de 1983 casi ciega, siendo una de las primeras figuras de la edad de oro de la copla en desaparecer, creando un profundo sentimiento popular. Fue enterrada por expresa voluntad con su sempiterno caracolillo sobre la frente, que fue una de sus señas de identidad durante toda su carrera. Con ella se marchaba el máximo exponente del folklore andaluz que defendió con gallardía en los años difíciles, cuando la copla se encontraba arrinconada por la música sajona. Siempre fiel a su estilo, nunca traicionó su código artístico, antes bien lo mantuvo contra viento y marea, demostrando la autenticidad de su arte único e irrepetible. Hoy día sigue siendo icono de prestigio e intérprete privilegiada de la canción popular... Una auténtica inmortal.



martes, 7 de noviembre de 2017

"Lola Flores"... Lola y Manolo (2ª Parte)



Decidida a no desaprovechar el triunfo personal obtenido en el espectáculo "Cabalgata" (1943) cedió a los requerimientos del anticuario Adolfo Arenzana, rendido admirador de sus encantos, que terminaría convirtiéndose en empresario de su primer espectáculo como figura. Lola exigió la contratación de Manolo Caracol, uno de los mejores "cantaores" de todos los tiempos, para darle la réplica en su baile. Tuvieron una entrevista con Caracol y éste aceptó a cambio de 500 pesetas diarias, una fortuna para la época. De este modo nació "Zambra", el espectáculo con el que se forjó la leyenda...




Con "Zambra" (1944) ambos artistas escribieron su nombre con letras de oro en la historia del teatro español y de la Copla, repitiendo la fórmula con idéntico éxito con el mismo título añadiendo el año de producción a medida que se incluían nuevas escenas. En estos espectáculos Lola y Manolo brindan lecciones de arte y talento a partes iguales entre el delirio del público quedando para la inmortalidad números como "La niña de fuego", "La Salvaora" o "La Zarzamora". En ellos una Lola arrebatada de genio bailaba apasionadamente en alrededor de Caracol, mientras este la jaleaba con su cante gitano y único, como si se tratase de una llamada de amor descarnada. La pasión se trasladó al terreno personal entrando a formar parte del anecdotario del siglo XX. Su relación se convirtió en piedra de escándalo en la época, ya que Caracol estaba casado y era padre de cinco hijos.





La enorme popularidad de la pareja hacia inevitable el paso al cine, intentando plasmar el hechizo de ambos artistas en un ensayo experimental dirigido por Carlos Serrano de Osma, uno de los realizadores malditos más interesantes de nuestro cine. En "Embrujo" (1946) se intentó captar la esencia del flamenco desde una óptica más profunda, menos estereotipada, tiñendo la historia de cierto tinte subrrealista que no terminó de entenderse. Resultó un filme híbrido y extraño destinado al fracaso comercial y a la incomprensión general, a pesar del tirón popular de sus protagonistas. Visto hoy día resulta un título interesante, aunque equivocado en la forma de abordar el género, a pesar de algunas de sus bien resueltas secuencias. Su mayor atractivo lo constituye el poder ver en su momento de máximo esplendor la magia de la pareja, poniendo en imágenes algunas de sus más célebres creaciones.




En 1950 efectuaron una breve colaboración en el filme "Jack, el negro" (1950), un título de Julien Duvivier rodado en España con George Sanders como protagonista, y un año más tarde rodarían para Cesáreo González su película más popular, "La niña de la venta" (1951) entretenida historia de contrabandistas con la participación del galán mexicano Rubén Rojo dirigida por el artesano Ramón Torrado y fotografiada en Cinefotocolor, primer sistema cromático de patente española, que daba a la película un atractivo añadido en su momento. En "La niña de la venta" Lola da todo un recital tanto interpretativo, como de cante y baile, que marcaría el tono de su personalidad cinematográfica en el futuro, mezcla de su energía desbordante y gracia andaluza.




Durante años la relación tempestuosa que unía a seres tan temperamentales fue motivo de dimes y diretes. Se habló de noches de vino y rosas, de peleas descomedidas y reconciliaciones apasionadas. Lo cierto es que tras estrenar con gran éxito "La maravilla errante" (1951) y "Cante y pasión" (1951), la pareja se disolvió entre el clamor popular que gritaba "¡No os separéis!", parece ser que de modo tormentoso. No podía ser de otro modo dado el fuerte carácter de ambos. Se habló que la complicada personalidad de Caracol y su carácter posesivo, acabaron con la locura que Lola sentía hacia el hombre y el artista, por lo que la estrella decidió poner fin a la pareja. Para Manolo sería el principio del fin, para Lola el despegue a las más altas cimas del éxito... (continuará)