viernes, 21 de junio de 2019

Carmen Sevilla... "Años 70 musa sexy y actriz" (Final)




Al comenzar la década de los setenta, la dictadura franquista daba ya síntomas de agotamiento y el gobierno intentó llevar a cabo una maniobra de tímido aperturismo que tuvo al cine como uno de sus principales escaparates. Los jóvenes directores venían empujando fuerte con otro modelo de cine muy distinto tanto en temática como en estética. Llegado este punto la continuidad cinematográfica de Carmen Sevilla parecía seguir el mismo destino que la del resto de sus compañeras de generación, que alejadas en su mayoría de la pantalla habían sido desterradas a la televisión y las salas de fiesta donde intentaban dar continuidad a sus carreras adecuando su repertorio y estilo a los nuevos tiempos que se avecinaban. Sin embargo la actriz sorprendió a propios y extraños en lo que fue una decisión arriesgada y valiente, adaptando su físico y su carrera a las necesidades del nuevo cine español.


Surgió así la imagen de una estrella adulta que sumándose a la corriente del destape intervendría en diversas comedias picantes y dramas pseudoeróticos de desigual calidad dirigidos por autores noveles con distintas inquietudes. La revelación llegaría con el filme de suspense "El techo de cristal" dirigido en 1971 por Eloy de la Iglesia, donde se hablaría de una nueva Carmen Sevilla que no solo se mostraba físicamente sino que se revelaba como una competente actriz, mostrando nuevos matices en una historia difícil con una exigencia mayor que la del género amable y desenfadado que había representado hasta el momento. Seguramente atraído en gran parte por la publicidad y el morbo generado, la película obtuvo un enorme éxito, superando el millón de espectadores y obteniendo para su protagonista el premio a la mejor actriz del Círculo de Escritores Cinematográficos e idéntico galardón otorgado por el Sindicato Nacional del Espectáculo, equivalente a los actuales premios Goya de la Academia de Cine. Esta circunstancia daría un enorme impulso a su carrera protagonizando en una línea similar títulos importantes de esa época como "Nadie oyó gritar" (1973) dirigida de nuevo por Eloy de la Iglesia, "No es bueno que el hombre esté solo" (1972) de Pedro Olea, "La Loba y la Paloma" (1974) de Gonzalo Suárez o "La cera virgen" (1972) de José Mª Forqué. Todos estos filmes tuvieron una interesante distribución fuera de nuestro país, lo que hizo que la actriz mantuviera su categoría estelar a lo largo de toda la década. 


Al mismo tiempo que se convertía en musa del nuevo cine español, explotaba una línea sexy en diversas comedias menos interesantes, pero de fácil digestión en un momento en el que el espectador español estaba ávido de pantorrillas, cuyos títulos lo dicen todo "Un adulterio decente" (1969), "El apartamento de la tentación" (1971), "Terapia al desnudo" (1975), "Nosotros los decentes" (1976) y un nutrido número de filmes similares. En aquellos años su matrimonio con Algueró estaba tocando a su fin a consecuencias de las continúas infidelidades del compositor y en palabras de la artista esta fue su forma de sentirse aún atractiva y reafirmar su autoestima como mujer. 


A pesar de su imagen cándida y tradicional, Carmen siempre demostró gran inteligencia a la hora de planificar su carrera y haciendo gala de ello decidió retirarse del cine en pleno éxito antes de que su belleza comenzara a marchitarse y de que su personaje pasara de moda. Así con la película "Rostros" (1978) de Juan Ignacio Galván, protagonizada junto al cantante Juan Pardo y a la nueva estrella erótica Bárbara Rey, dio por terminada su etapa en el cine a los 48 años de edad. Parece ser que en esta decisión influiría de manera importante la relación que la actriz había iniciado con el distribuidor Vicente Patuel, poseedor de una cadena de cines en Madrid, que en el otoño de 1985 se convertiría en su segundo marido, tras conseguir el divorcio de Algueró. 


Durante algunos años se la pudo seguir viendo en diversos espectáculos teatrales junto a figuras como Paquita Rico o Juanita Reina y estrellas incipientes de la canción como Concha Márquez Piquer y María Jiménez. A mediados de los años 80 Carmen desapareció con absoluta discreción para retirarse a vivir en el campo junto a Vicente Patuel. Nos llegaban noticias esporádicas a través de las revistas del corazón de la bucólica vida de Carmencita alejada del mundanal ruido en la finca extremeña de Herrera del Duque, que el empresario había adquirido tras la venta de sus cines.


Cuando todo el mundo daba por terminada su carrera, el gusanillo del arte volvió a tentarla en la persona de Valerio Lazarov, director a principios de los noventa de la cadena privada de televisón Tele5. En 1991 Carmen efectuaba su reaparición ante el público presentando un popular sorteo de lotería. Como antaño, obtuvo una popularidad inmensa a base de su carisma y un torrente de despistes en directo, pero sobre todo blandiendo sus mejores armas, aquellas que la hicieron acreedora del sobrenombre de "Novia de España", su ternura, simpatía, sensibilidad y capacidad de traspasar la batería para hacerse un lugar en el corazón de los espectadores. Su éxito se mantuvo intacto durante dos décadas en diferentes cadenas y programas de televisión, algunos como "Querida Carmen" (1997) pensados especialmente para ella. Ni siquiera el inesperado fallecimiento de Patuel, que la dejó desolada, fue capaz de apartarla de los focos y el cariño del público. Únicamente sería el Alzheimer el que de forma cruel apartase para siempre a la encantadora Carmen Sevilla de los ojos del espectador. En 2010 le sería diagnosticada esta triste enfermedad que venía deteriorando su imagen desde tiempo atrás desdibujando su personalidad en los caminos del recuerdo. La actriz se vio forzada a abandonar su trabajo en el espacio "Cine de Barrio", programa dedicado al cine español que venía presentando desde hacía siete años, siendo ingresada en una clínica donde tratar su estado.


Su última aparición ante las cámaras mostraba a una mujer perdida pero que al ver los objetivos de la prensa aún regalaba su sonrisa y lanzaba una pose flamenca a los periodistas. Sus admiradores queremos pensar que quizás en el túnel perdido de la memoria aún se mantenga la luz de esa estrella que la llevó a brillar alto y con fuerza recordándola quién fue... "Revoltosa", "Violetera Imperial" y sobre todo esa "Carmen de España" que hechizo con su sonrisa y encanto a todo un país y hasta el propi0 Mérimée.



miércoles, 19 de junio de 2019

Lola Flores... Cine en México, nace "La Faraona" (4ª Parte)




A mediados de los años cincuenta Lola inicia su segunda gira triunfal por toda América latina, con presentaciones personales en los mejores locales de las principales capitales, además de iniciar una frenética actividad cinematográfica en México donde poco a poco se va convirtiendo en un ídolo de primera magnitud. Por aquel entonces los estudios aztecas estaban viviendo su época de oro, siendo los más importantes y con más proyección de toda Sudamérica. Allí Lola rueda "Lola Torbellino" (1955) , "La Faraona" (1956), "Limosna de amores" (1955), donde nos obsequiaba con otro formidable número final en su interpretación de la zambra que da título al filme y que recuerda a su soberbia creación de "Pena, penita, pena", "Sueños de Oro" (1956) y "Maricruz" (1957). En todos ellos la artista se ve acompañada de los principales actores del momento y figuras de la canción como Miguel Aceves Mejía, Antonio Badú o el compositor Agustín Lara, utilizándose la vieja fórmula de mezclar el folclore de ambos países para asegurar su distribución en ambos lados del Atlántico. Estos filmes irían bajando el listón de forma alarmante, siendo en su mayoría destinado a programas dobles en cines de barrio de consumo rápido y en los que la mayor importancia reside en lo que la estrella aporta de su personalidad y talento, quedando como simples catálogos de su arte único y personalísimo. Cuando además se intentó recurrir a ciertos "ballets de calidad" el mal gusto rozaría extremos alucinantes, como aquel en el que Lola se arriesgaba bailando el mismísimo bolero de Ravel en medio de una coreografia llena de falso tipismo al gusto de lo que por aquel entonces se exportaba como "marca España". 



Entre tanto desvarío quedaba postergado el que hubiera sido a todas luces su proyecto más interesante en tierras mexicanas, un argumento que la emparejaría con una de las diosas de la cinematografía azteca, María Félix. A pesar de lo explosivo del encuentro entre dos estrellas de personalidad tan poderosa o quizás a consecuencia de esto, la idea nunca llegó a ver la luz. Es en México donde le ponen el apodo de "La Faraona" y donde la artista forja una parte de su leyenda, confirmando el idilio que la uniría al Continente Americano y que alcanzaría su cenit en el legendario homenaje promovido por Julio Iglesias en Miami en 1990 donde participaron los principales artistas de habla hispana del momento, tanto españoles como sudamericanos. 



A su regreso a España tras dos años de ausencia se presenta con enorme éxito en los escenarios con el espectáculo "Arte español", con un cartel que incluía al cantaor Rafael Farina, a su hermana Carmen Flores y a un guitarrista llamado Antonio González, con el que la artista establecería una química especial desde el primer momento, lo que haría que la temperamental Lola, muy distinta a las mujeres de su época, iniciase todo un plan de conquista por obtener su amor. Ya a principios de los años cincuenta, a la par que se convertía en una de las artistas más populares de su tiempo, crecía su leyenda de hembra apasionada que anteponía la naturalidad de sus sentimientos al puritanismo y la doble moral imperante, viviendo sonados romances con los futbolistas "Biosca" y "Coque", los toreros "Gallito" y Manolo González y el actor Rafael Romero Marchent, con quién incluso llegó a anunciar su boda a bombo y platillo en las revistas del momento. Sin embargo tras numerosas aventuras en las dos mitades del mundo que alimentaban el morbo y la curiosidad de las gentes de la calle, Lola decidió llegado el momento de acceder a la respetabilidad social al enamorarse perdidamente de Antonio,un gitano barcelonés del barrio de Gracia pionero de la rumba catalana... (continuará)



miércoles, 22 de mayo de 2019

Carmen Sevilla... Coproduciones y Algueró (3ª parte)


En 1958 Carmen se encontraba preparando el rodaje de un musical nostálgico producido por Benito Perojo que llevaba por título "La Violetera", para la cual había comenzado incluso a ensayar algunas escenas. Pero el avispado Perojo viendo el arrollador éxito de Sara Montiel con "El último cuplé", que convertiría a la actriz manchega de la noche a la mañana en la mayor estrella de nuestro cine, decidió jugar la baza comercial segura ofreciendo a Sara protagonizar el filme, con gran disgusto de Carmen que veía de este modo arrebatado el cetro del cine español que había ostentado hasta ese momento. La cinta se convertiría en un enorme éxito, confirmando estatus de la Montiel en la pantalla que no haría sino crecer en los siguientes años. Ese mismo año estuvo también a punto de protagonizar otro de los grandes éxitos de la época, la película "¿Dónde vas Alfonso XII?" que constituyó el cenit de la carrera de su gran amiga Paquita Rico. Paquita era desde el primer momento la actriz elegida para dar vida a la reina María de las Mercedes, pero desavenencias surgidas entre la estrella y los productores de la cinta hicieron que el papel le fuera ofrecido a Carmen, la cual aceptó. La Rico viendo peligrar lo que era a todas luces el mejor papel de su carrera cedió y terminó haciéndose con el personaje.


No obstante ella siguió manteniendo en alza su popularidad en la simpática comedia de Ignacio F. Iquino, "Secretaria para todo" (1958), junto a Tony Leblanc donde efectuaba una personalísima versión de "Las coplas de Luis Candelas" y en la cuarta entrega de la saga "Pan, amor y..." que había dirigido en Italia Vittorio De Sica con Gina Lollobrigida y Sofía Loren respectivamente. El filme de Carmen se llamó "Pan, amor y Andalucía" (1959) dirigida por Javier Setó bajo la supervisión de De Sica coprotagonista del filme. Lo cierto es que a pesar de las buenas intenciones puestas en la producción, sería la más floja de las cuatro entregas de la serie, quedando tan solo para la posteridad la rutilante belleza de su protagonista y una frenética "Tarantella" en la que Carmen mostraba a placer sus espectaculares piernas acentuadas por un montaje que identifica a De Sicca como el gran erotómano que era. Esta misma parte de su anatomía hizo que fuese censurada su intervención en "Europa di notte" (1958), en donde bailaba un frenético tanguillo en un "tablao" madrileño que encendería las iras de los censores de la época. 


Su carrera en el cine continuaba imparable y la artista intentaría completar su felicidad con el éxito personal. En 1961 contrajo matrimonio con el compositor Augusto Algueró que además de ser uno de los músicos más populares del momento, se dedicaría a dirigir la carrera musical de su esposa escribiendo la práctica totalidad de melodías para sus siguientes películas y espectáculos. Fruto de esta unión nacería su único hijo, Augusto Algueró junior. A pesar de tan brillantes inicios el matrimonio resultaría bastante tumultuoso debido a las continúas infidelidades del compositor que darían al traste con la convivencia de la pareja, separándose en 1974.


El mismo año de su unión con Algueró viviría su segunda experiencia americana desempeñando el rol de María Magdalena en la superproducción de Samuel Broston rodada en España "Rey de Reyes" (King of Kings) dirigida por Nicholas Ray con Jeffrey Hunter en el papel de Jesús de Nazareth. La película sería una buena muestra de cine bíblico de excelente factura que obtendría una buena acogida comercial. El papel de Carmen era breve pero importante por lo que la artista se beneficiaría del éxito de la cinta, lo que le permitió entre otras cosas intervenir en 1965 en el célebre show de Ed Sullivan, uno de los programas históricos de la televisión norteamericana. Diez años más tarde de "Rey de Reyes" efectuaría su última participación internacional en la película "Marco Antonio y Cleopatra" (1972), una arriesgada apuesta rodada en nuestro país por el mismísimo Charlton Heston, que interpretaba al personaje titular mientras nuestra estrella se hacía cargo con gran dignidad del secundario rol de Octavia, la esposa romana del protagonista.


Durante la década de los sesenta las propuestas que la estrella recibiría en el cine resultarían cada vez menos interesantes. Además de intervenir junto a Lola Flores y Paquita Rico en la comentadísima "El balcón de la luna" (1962), que constituiría "el canto del cisne" del cine folklórico, la carrera de Carmen se vería repartida entre alguna tentativa dramática como la coproducción hispano-argentina "El secreto de Mónica" (1961), comedias musicales intrascendentes como "Crucero de verano" (1964) y los intentos por mantener vivas algunas fórmulas del pasado dándoles cierto aire de modernidad. En esta última línea rodaría una tercera versión de la novela de Armando Palacio Valdés "La Virgen del Rocío ya entró en Triana" titulada para la ocasión "Camino del Rocío" (1967), un trasnochado asunto basado en el popular pasodoble del Maestro Padilla "El Relicario" (1969), ambas dirigidas por Rafael Gil y una coproducción hispano-mexicana que empleaba la vieja fórmula de mezclar el folklore de ambos países titulado "La guerrillera de Villa" (1968) del especialista en el género Miguel Morayta. En este último filme la estrella cantaba por segunda vez en la pantalla su "Carmen de España" convertido ya en icono artístico propio, además de algunos celebres temas mexicanos como "La cucaracha", "La Adelita" o "Jesusita en Chihuahua". La película fue en principio planteada como un vehículo de lucimiento para Sara Montiel, que rechazó el papel desconfiando de las posibilidades del argumento entre el público, lo que le costó un serio encontronazo con el productor Cesáreo González que terminó en pleito ante los tribunales. La Saritísima perdió el juicio por incumplimiento de contrato, aunque el tiempo daría la razón a la estrella manchega, ya que la cinta pasaría sin pena ni gloria en la mayoría de las salas en las que fue proyectada anunciando el desgaste de un modelo que estaba llegando al agotamiento... (continuará)


miércoles, 8 de mayo de 2019

"Y sin embargo, te quiero" (Quintero, León y Quiroga)



Nos encontramos antes una de las coplas más hermosas jamás escritas y uno de los temas más difíciles de abordar tanto a nivel musical como interpretativo. Fue escrita por Quintero, León y Quiroga para Juanita Reina quién la estrenó en el teatro Reina Victoria de Madrid en 1948 dentro del espectáculo “Salero de España” realizando una creación que sigue resultando antológica y que se convertiría en una de las joyas de su repertorio.


La artista sevillana siempre refirió que era una de las canciones más exigentes a las que se había enfrentado dada la fuerza que requería a la hora de ser interpretada en toda su extensión vocal y dramática. El éxito obtenido por esta zambra propició que Juanita realizase una primera grabación en disco el mismo año de su estreno, que curiosamente no contenía la versión completa del tema, solo aparecía el primer recitativo y la repetición del estribillo tras un pasillo musical. Algunas hipótesis apuntan que la artista no pudo grabar el tema en su totalidad dada su larga duración (más de 5 minutos) y las limitaciones impuestas por los primitivos discos de pizarra de la época, aunque también es posible que en aquel momento se ejerciera cierta censura sobre los versos de la segunda parte en los que la historia se centraba sobre el fruto de los amores ilícitos de la protagonista y el desaire del hombre que la engañó a quién a pesar de todo sigue amando ciegamente… “Vives con unas y otras y “na” se te importa de mi soledad… Sabes que tienes un hijo y ni el apellido le vienes a dar”. Sería Concha Piquer que la incluiría en su último espectáculo “Puente de Coplas”, quién una década después, en 1958, registrase la primera grabación íntegra de esta canción ya con sistema estereofónico en una versión igualmente magnífica y llena de matices como solía brindarnos la artista valenciana. Juanita la volvería a grabar en 1972 ya con la duración original en un disco que repasaba sus principales éxitos.



Sería la artista sevillana quién la llevase también a la pantalla en la película “Vendaval” dirigida en 1949 por Juan de Orduña, que se convertiría a la postre en una de los títulos menos conocidos de su filmografía, hoy en día dificilísimo de encontrar ya que la práctica totalidad de negativos desaparecieron en un incendio conservándose tan solo una copia bastante deteriorada en Sudamérica. En ella la estrella plena de belleza, en su cumbre artística, la interpretaba con la letra ligeramente alterada para adaptarla a la historia que se contaba en el filme. La segunda vez que esta hermosa zambra aparecería en la pantalla lo haría en tono de parodia en la voz de José Sacristán en la comedia "Yo me bajo en la próxima ¿Y usted?" protagonizada junto a Concha Velasco y dirigida por el actor en 1992.


Sin duda alguna la Reina es la artista más asociada a esta bellísima canción y la que más veces la interpretó en los escenarios. La cantó por última vez en el espectáculo “Azabache” estrenado dentro de la Expo de Sevilla de 1992, donde Juanita realizaba un recorrido sentimental a lo ancho y largo de la historia de la Copla junto a mitos como Imperio Argentina, Nati Mistral o Rocío Jurado. En él la artista de 67 años aún daba lecciones de estilo y sabiduría escénica a pesar de que sus condiciones vocales se encontraran ya bastante mermadas. 


Además de Juanita, han sido muchos los intérpretes de la canción que se han acercado a esta zambra enamorándose del sentimiento romántico impreso en sus notas, desde la inmortal y ya nombrada Concha Piquer, hasta artistas de la talla de Rocío Jurado, Isabel Pantoja, Ana Belén, María José Santiago, Martirio o Charo Reina. Su hechizo ha cautivado a nuevos valores de la Copla como Pasión Vega, Pastora Soler, Miguel Poveda o Clara Montes, a intérpretes del otro lado del Atlántico como Olga Guillot, La Lupe, Toña la Negra e incluso el dúo Pimpinela, a cantautores como Rozalen e incluso a cantantes Pop como la estupenda Marta Sánchez, que grabó en 1999 una adaptación melódica reafirmando la calidad de este tema en un disco recopilatorio donde varios artistas del momento rendían homenaje a la Copla aprovechando el “revival” del género a partir de los años 90, acercando el legado inmortal de nuestra historia musical a las nuevas generaciones.




martes, 5 de febrero de 2019

"La Blanca Paloma" (1942) Claudio de la Torre




Esta adaptación de la novela de Alejandro Pérez Lugín “La Virgen del Rocío ya entró en Triana” supuso el debut cinematográfico de Juanita Reina, que a la postre se convertiría en la mayor estrella folklórica de la pantalla durante los años 40 del pasado siglo. La película fue inicialmente planteada como un vehículo para la simpática Estrellita Castro, que era una de las figuras más relevantes de la copla y el cine musical, con una estatura casi mítica ya por entonces. Sin embargo el personaje dicharachero y alegre que la artista sevillana desarrollaba habitualmente en la pantalla comenzaba a dar síntomas de agotamiento, lo que jugó como baza a favor de una chiquilla de apenas 17 años que se había alzado como una de las revelaciones del momento con su debut en el espectáculo “Los Churumbeles”. A raíz de este éxito la artista llamó la atención del director Florián Rey propiciando la entrada en el mundo del cine y su presentación en la pantalla como protagonista de esta película. Lo cierto es que el film no pasó de ser una producción mediocre de escaso presupuesto, en un momento en que la industria cinematográfica española se estaba resarciendo de las profundas heridas provocadas por la guerra civil, y con un argumento archisabido, en el que lo único destacable es el atractivo de su protagonista y su talento a la hora de interpretar maravillosamente cuatro coplas de León y Quiroga. Sin embargo abrió el camino para que la artista desarrollase un interesante carrera cinematográfica, que acompañada de sus espectáculos teatrales, la convirtió en poco tiempo en uno de los puntales indiscutibles del cine y la canción española, sentando muchas de sus bases y formando parte de la leyenda del género en su época de máximo esplendor. 


El argumento se centraba en las alegrías y desgracias de Esperanza, una señorita adinerada venida a menos y los conflictos derivados de su relación con dos hombres, uno rico y tarambana y otro honrado y trabajador. Todo ello con el telón de fondo de la Feria de Sevilla y la romería del Rocío, donde la devota protagonista obtenía el amor del hombre pobre y leal que la había amado y defendido en silencio durante años. Acompañando a la joven sevillana el galán portugués Tony D´Algy, una de las estrellas olvidadas de nuestro cine que tendría una nutrida carrera en nuestro país durante los años treinta y cuarenta, Félix Fernández, uno de los secundarios imprescindibles del cine español y la actriz Josefina de la Torre, hermana del realizador. 



El canario Claudio de la Torre, pionero del cine sonoro español dirige la película de forma artesanal, sin grandes intenciones creativas, ni técnicas, más allá de algunas interesantes secuencias que se mantienen como documento sobre la romería del Rocío y la Sevilla de posguerra. Aunque no tuvo una carrera muy destacada en el cine fue un hombre de gran talento novelista, poeta y dramaturgo además de director.


Al igual que otras obras de Pérez Lugín, como “Currito de la Cruz” o “La casa de la Troya”, este mismo argumento sería llevado a la pantalla en otras dos ocasiones. La primera “Sucedió en Sevilla” (1955) dirigida por José Gutiérrez Maesso  fue producida y protagonizada nuevamente por una Juanita Reina ya en su madurez, bastante más interesante como actriz y cantante que en su predecesora. Y la segunda en color dirigida en 1966 por Rafael Gil con el título de “Camino del Rocío”, con Carmen Sevilla en el papel de la “señíta Esperanza” y Paco Rabal y Arturo Fernández como los galanes que se disputan el amor la protagonista. Esta última versión rodada completamente fuera de tiempo, en pleno apogeo de la música pop, evidenció el agotamiento del género y las viejas fórmulas que habían causado furor dos décadas antes, aunque la belleza y gracia de su protagonista y la sabiduría de su director hacen que el espectáculo aún funcione con cierto encanto trasnochado no exento de eficacia.


jueves, 10 de mayo de 2018

"La Lola se va a los puertos" (1947) Juan de Orduña





Esta adaptación a la pantalla de la popular obra de los hermanos Machado, fue uno de los más importantes taquillazos del cine español de los años cuarenta, convirtiendo a su protagonista, Juanita Reina, en una de las estrellas indiscutibles del celuloide folklórico. Desde la semirretirada de Imperio Argentina, que fue la primera opción de Orduña para el papel, y Estrellita Castro el musical patrio se encontraba yermo de figuras cinematográficas y la Reina brilló en estos años ocupando el espacio que habían dejado huérfano estas importantes figuras,  a la espera del nuevo filón generacional que comenzaría a despuntar a finales de la década de los cuarenta en el rostro y la voz de Carmen Sevilla, Lola Flores y Paquita Rico, las tres principales estrellas que darían impulso al género prácticamente hasta su desaparición como fenómeno de producción masiva en la pantalla.




A pesar de ciertas reticencias iniciales, ya que la actriz contaba tan solo 25 años cuando la protagonista de la obra es una mujer entrada en la cuarentena, Juanita es el alma de la película y Orduña con su intuición y sabiduría para fabricar luminarias sabe fotografiarla y rodearla de una aureola mítica, que la convierte en representante de la copla errante y el sentimiento de un pueblo, que busca reivindicar en el lamento de sus notas la emoción de su alma poética y apasionada. De todo ello da habida cuenta el fantástico plano final, en el que el rostro de la protagonista se funde con las olas de un mar agitado a los acordes de “Una cantaora”, una de las mejores creaciones de León y Quiroga, mientras una voz en off (el propio Orduña) recita los célebres versos de los Machado que dimensionan su figura introduciéndola en la leyenda:

                               “Ni una, ni uno,

                               Cantaora o cantaor,

                               Ni los vivos ni los muertos,

                               Cantó una copla mejor

                               Que la Lola…

                               Esa que se va a los Puertos

                               Dejando la Isla sola.”

La película fue concebida como una producción de altos vuelos, contando con unos medios importantes para aquellos años de postguerra. El propio Orduña ejerció el papel de productor junto a su protagonista, aunque la cinta sería distribuida por Cifesa, que era la compañía cinematográfica española más importante de la época, lo que garantizo su exhibición en todas las salas del territorio nacional con enorme éxito. Sin duda una parte importantísima del mismo se debe a las canciones del filme que en la voz “de oro” de Juanita Reina adquirieron una inmediata popularidad refrendada en los espectáculos de la estrella sevillana. Entre las mismas se encuentra el celebérrimo pasodoble “Francisco Alegre” un de los puntales del repertorio de la artista y de la copla en general.




Acompañando el protagonismo absoluto de la tonadillera se encuentran algunos de los actores más importantes del momento. Manuel Luna como el sobrio y fiel Heredia, Jesús Tordesillas  y Ricardo Acero como el padre y el hijo en disputa por los amores de Lola y Nani Fdez como la remilgada Rosario, prometida del galán y contrapunto del temperamento espontáneo y saleroso de la protagonista que desencadena el drama. Como anécdota reseñar que en un pequeño papel de figurante se puede vislumbrar a un jovencísimo Paco Rabal, que iniciaba por entonces su andadura profesional.




Esta “Lola” es por tanto un ejemplo muy digno de cine folklórico que sentaría muchas de las bases del género tras la guerra civil, periodo en el que el cine musical se acartonó perdiendo parte de la frescura y dinamismo de los títulos rodados a principios de los años treinta por Florián Rey o Benito Perojo entre otros. Parece ser que el propio Orduña tuvo en mente durante años realizar una nueva versión en color del asunto, que le ofrecería inicialmente a una madura Juanita Reina en un momento mucho más acorde para interpretar el personaje y posteriormente a una Sara Montiel ya en su declive como estrella de cine a finales de los años 60, pero de un modo u otro el proyecto nunca llegó a ver la luz. No sería hasta 1993 que la obra fuese llevada de nuevo a la pantalla bajo la dirección de Josefina Molina, que realizaría una adaptación mucho más fiel a la versión de los Machado para mayor gloria de la inolvidable Rocío Jurado, en la que un magnífico Paco Rabal, figurante en la película de los años cuarenta, interpretaba el papel del hacendado Don Diego, como si la magia del cine hiciera de algún modo un guiño uniendo presente y pasado.




Un título clave en la filmografía de Juan de Orduña y ocasión de entender un modo de hacer cine de uno de los directores que más éxitos dio a la historia de nuestro cine, a la par que uno de los más controvertidos e injustamente vilipendiados con el paso del tiempo, cuya obra merece una sincera revisión.



domingo, 21 de enero de 2018

Carmen Sevilla... La etapa dorada en el cine (2ª Parte)



Con "El sueño de Andalucía" (1950)  junto a Luis Mariano se convierte en estrella, no solo en España sino en Francia, donde Luis Mariano era un auténtico ídolo. La película dirigida por Luis Lucia en la versión española y Robert Vernay en la francesa, alcanzó una rápida popularidad gracias al encanto y simpatía de Carmen y a la voz única de Mariano, que convertiría todas las canciones de la cinta en éxitos fabulosos, especialmente el pregón "El Botijero", que Mariano cantaba por las calles de un imaginario pueblo andaluz con su sempiterna sonrisa y optimismo a ultranza. Planteada como un gran producción, daría a "Carmencita" la oportunidad de proyectar su imagen más allá de nuestras fronteras, su belleza y arte traspasarían la pantalla conquistando el corazón de los franceses, lo que se tradujo en la colaboración en varias coproducciones con el país vecino, como el melodrama ambientado en el mundo del cine con la participación de la "vamp" Martine Carol titulada "El deseo y el amor" (1951), un musical con el "chansonier" Georges Guetary, "Pluma al viento" (1952) y una comedia con el ídolo nacional Fernandel, "El amor de Don Juan" (1956) entre otras.




Ninguno de estos títulos adquirió de lejos el impacto de su siguiente película junto a Luis Mariano, "Violetas Imperiales" (1952), convirtiéndose en uno de los filmes fundamentales de su carrera y uno de los títulos emblemáticos de nuestro cine. La película era una producción muy cuidada y con un tema predilecto de la tonadilla de siempre, la historia de la Emperatriz Eugenia de Montijo y la gitanilla que lee su destino en las rayas de la mano. Un cuartero de canciones pegadizas inmortalizadas por las soberbia voz de Mariano y la espectacular belleza de Carmen hicieron las delicias del público dentro y fuera de nuestro país, colocándola en un lugar de privilegio, a la cabeza de las actrices de la pantalla española. En los años siguientes dos avispados productores se repartirían a la estrella con gran fortuna para ambos, Benito Perojo y Cesáreo González, dando una proyección de primer orden a su carrera.





"La Bella de Cádiz" (1953) una pandereta desmadrada llena de falso pintoresquismo, que había abierto al tenor irunés las puertas del teatro en Francia, sería su última colaboración juntos. Sin Mariano protagonizaría dos de los títulos más folklóricos de su carrera junto al galán Jorge Mistral, con quién formaría otra "parejita ideal de tarjeta postal". El primero de ellos sería la tercera versión de la novela de Palacio Valdés "La hermana San Sulpicio" (1952), con el archiconocido tema de la señorita andaluza metida a monja dicharachera y cantarina, en el que estuvo magnifica aunque sin borrar el recuerdo de la gran Imperio Argentina, su predecesora cinematográfica. El segundo filme sería un tremendo melodrama titulado "Un caballero andaluz", donde interpretaba a la gitanilla ciega "Colorín" capaz de cambiar con su alegría y bondad la vida de todos cuantos le rodean recuperando como premio la vista y llevándose a Mistral al altar.




Llegado este punto Perojo produjo un delicioso vehículo pensado completamente a su servicio basado en la obra de Alarcón "El sombrero de tres picos" dirigida por el argentino León Klimovsky, "La pícara molinera" (1954). La interpretación de Carmen llena de desbordante vitalidad superó con creces a la encarnación que del mismo tema rodaba por entonces Sofia Loren a las órdenes de Vittorio De Sica en Italia con el título de "La bella campesina". Pero todas sus intervenciones anteriores quedaron borradas ante su formidable Catalina de "La fierecilla domada" (1955), realizada con su sabiduría habitual por Antonio Román según la célebre obra de Shakespeare, que le valió el premio a la mejor actriz concedido por el Sindicato Nacional del Espectáculo de aquel año. Carmen sorprendió a propios y extraños con una interpretación llena de fuerza y sabiduría, demostrando lo mucho que podía dar de sí como actriz bien dirigida en el papel adecuado, como volvería a demostrar dos años después en "La Venganza" (1957), una de sus películas más ambiciosas dirigida por Juan Antonio Bardem, en la que daba vida a la campesina Andrea, un personaje duro y difícil que la desnudaba de cualquier artificio. Por primera vez en su carrera el argumento y la historia estaban por encima de la actriz y no a su servicio y ella aprovechó esta oportunidad para ofrecer nuevos registros hasta entonces nunca vistos en la simpática y dicharachera estrella. Situada en medio de un triángulo formado por dos actores excepcionales, el italiano Raf Vallone y el español Jorge Mistral, ofrecería una de las mejores interpretaciones de su carrera en este drama rural con el mensaje de la reconciliación nacional como telón de fondo. Debido a su carga política el filme sufrió las iras de la censura franquista que acortó su metraje en cerca de una hora. No obstante la cinta fue nominada a los Oscars de Hollywood en la categoría de mejor película en lengua extranjera, que aquel año ganó la comedia de Jacques Tati "Mi tío" (Mon Oncle)... (continuará)