Mediados los años sesenta se dijo que volvería a colaborar con
Juan de Orduña, el director que la encumbró, protagonizando nueva versión de
“La Lola se va a los puertos”, idea que el realizador también había propuesto a
Juanita Reina, protagonista de la primera versión realizada en 1947, pero este
interesante proyecto nunca llegaría a realizarse. Habrían de pasar 30 años para
que la obra fuese llevada de nuevo a la pantalla con Rocío Jurado dando vida a
la heroína ideada por los Hermanos Machado.
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El 1 de mayo de 1964 contrajo segundas nupcias con Vicente Ramírez
García Olalla en Roma, matrimonio que duró el tiempo que tardaron de salir de
la iglesia, según cuenta la propia artista en sus memorias. Se separaron a un
mes de la boda, aunque no obtendría el divorcio hasta pasadas casi dos décadas.
Finalizada su breve relación con Olalla, la actriz comienza un tortuoso y
apasionado idilio con Giancarlo Del Duca, con quién había coincidido en “La
dama de Beirut” y que sería también su galán en “La mujer perdida” (1966) de
Tulio Demicheli. El filme supuso una vuelta a los salones decimonónicos que tan
buen resultado le habían dado en el pasado, sin embargo este turbulento melodrama
en el que como ya era habitual no faltaba de nada, prostitución, violaciones,
amores a dos bandas, triunfos por el mundo, canciones, etc, no tuvo todo el
éxito esperado, demostrando que la fórmula empezaba a dar síntomas de
agotamiento. Su siguiente película no mejoró las cosas en absoluto, ya que “Tuset Street” (1967) fue un bodrio
comenzado por el novel Jorge Grau, que por desavenencias con la estrella
durante el rodaje, sería sustituido por el eficaz Luis Marquina. Produjo ella
misma y el resultado fue el peor título de su filmografía, una película de
pretendida modernidad que se quedó en tierra de nadie y, lo que es peor,
aburrida en su planteamiento e historia..jpg)
Intentado resucitar el mito se acudió a diversos directores de
probado prestigio. Así en 1969 Mario Camús la dirigiría en el drama “Esa
mujer”, con guion de Antonio Gala, que rizó el rizo, presentando a la estrella
como monja violada y preñada por unos guerrilleros, para acabar como amante del
marido de su propia hija. A pesar de tanto desmadre este título se convirtió en
una de sus películas mejor acabadas y en la que por primera vez su trabajo como
actriz fue objeto de mención por parte de la crítica. Seguidamente se puso a
las órdenes de Juan Antonio Barden en “Varietes” (1971), un musical sobre el
mundo del teatro, “remake” de la excelente “Cómicos” escrita y dirigida por el
propio Bardem en 1953. Aunque esta versión quedó muy por debajo del original,
conservó cierto empaque y obtuvo buena acogida, restituyendo a la artista parte
de su antiguo éxito. No ocurrió lo mismo con su última aparición en las
pantallas en “Cinco almohadas para una noche” (1975), comedia de enredos y
tinte erótico típica de aquellos años y absoluto fracaso artístico y comercial.
Da idea de ello que ni siquiera se editasen en disco los siete temas que la
estrella interpreta en la película, entre los que se encontraba una
personalísima versión del clásico “María de la O”.
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Tras este filme Sara efectuó una retirada del mundo del cine en el
que había brillado durante dos décadas, que acabaría por convertirse en
definitiva, aunque durante mucho tiempo se especuló con su regreso a las
pantallas con diversos proyectos que nunca llegaron a ver la luz. El productor
Emiliano Piedra le propuso realizar “La Regenta” dirigida por Luis Buñuel. Hubo
una primera entrevista con Buñuel, pero el genio de Calanda no quiso implicarse
en el proyecto y la película acabó siendo interpretada por la esposa del
productor Emma Penella, a las órdenes de Gonzalo Suárez. Más tarde se habló de
una película sobre la vida de Isabel II, dirigida por Miguel Picazo, que
hubiese constituido a todas luces un retorno explosivo. Pero la negativa por
parte de los organismos oficiales de permitir el rodaje en los Reales Sitios
dio finalmente al traste con un proyecto cuyo presupuesto se hacía insostenible
en estudio. También se dijo que rodaría en Rusia una película sobre “Catalina
la grande”, que tampoco llegó a concretarse. En la década de los años noventa
del pasado siglo su paisano, el manchego Pedro Almodóvar, estuvo muy cerca de
sacarla de su retiro cinematográfico con otro proyecto en el que la estrella
finalmente declinó su participación. En varias entrevistas la artista indicaba,
de una manera muy inteligente, que el tipo de cine que ella representaba y en
el que lo fue todo ya no existía y por tanto prefería permanecer en la memoria
de aquel tiempo de rosas para ella.
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Paralelamente a su retirada del mundo del cine, nació la Sara de
la escena. Comenzó a prodigar sus apariciones en espectáculos teatrales con
gran éxito, ya que si como estrella cinematográfica había perdido interés, como
mito conservaba todo su glamur y poder de convocatoria. Efectuó su primera
presentación con el espectáculo “Sara Montiel en persona”, al que seguirían
“Saritísima”, “Increíble Sara”, “Sara súper-show”, “Doña Sara de la Mancha” y
“Taxi, vamos al Victoria” entre otros. A su intensa actividad teatral de
aquellos años está fuertemente unido el nombre del empresario mallorquín Pepe
Tous, con quien contrajo matrimonio por tercera vez en 1979, viviendo una
felicísima relación hasta la muerte de éste acaecida en 1992. Junto a Pepe
Tous, Sara vio realizado el sueño de ser madre, con la adopción de sus dos
hijos Thais y Zeus.
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Con su retiro de las pantallas comenzaron a llegar los primeros
reconocimientos y homenajes de la profesión. Entre los más relevantes estarían
el Golden Eagle, el más importante galardón de la comunidad hispana de
Hollywood, que recibió de manos de Burt Lancaster en 1994. En 1999 la Academia
de Artes y Ciencias Cinematográficas de España le premiaría con el Goya de
Honor a toda su carrera. En 2010 fue galardonada con la Medalla de Oro del
Mérito en el Trabajo y la Medalla de Oro de la Academia de las Artes y las
Ciencias Cinematográficas de España. A pesar del tiempo transcurrido desde el
nacimiento del mito, el carisma y la personalidad de la artista sigue atrayendo
a las nuevas generaciones. Prueba de ello fue la realización en 2001 del
documental “Sara, una estrella” dirigido por José Briz, en el que se narra la
vida y carrera de esta excepcional mujer, a través del testimonio de aquellos
que la conocieron y admiraron y la participación de la homenajeada dando forma
propia a su leyenda.
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Todavía en el otoño del año 2002 sorprendió a la opinión pública
casándose por cuarta vez con un operador de cine cubano, Tony Hernández,
treinta y cinco años más joven que ella, para volverse a divorciar pasado
apenas un año de la ceremonia. Su boda a los 74 años llenó de nuevo las
portadas de la prensa rosa, satisfaciendo la vanidad de la estrella, que continuó
llenando programas y revistas del corazón, ofreciendo a menudo la triste imagen
de una diva que se niega a perder su brillo y emplea para ello el modo más
efectista y menos recomendable, mostrando sin pudor los aspectos más morbosos y
oscuros de su vida privada.

Falleció el 08 de Abril de 2013 a los 85 años, dejando la
primavera madrileña en la que ella había pregonado sus violetas huérfana de su
musa. Cientos de personas le brindaban un silencioso homenaje en la plaza de
Callao, mientras en una pantalla gigante se proyectaban “El último cuplé” y “La
Violetera” al paso del cortejo fúnebre. Se comenta que el Festival de Berlín
estaba preparando ese mismo año un homenaje a su figura que no se llegaría a
realizar a causa de su inesperada desaparición. A los aficionados al cine y a
sus admiradores, que son legión, siempre nos quedara aquella mujer bellísima,
opulenta y magnética que irrumpió en las pantallas como un huracán, aportando con
sus escotes y canciones el erotismo y la sensualidad en un tiempo en que el
nuestro era el cine más pacato de toda Europa. Siempre existirá el debate sobre
si fue actriz o cantante… Poco importa, porque con su sola presencia lograba
llenar la pantalla como solo unos pocos, los elegidos, pueden hacerlo. Fue repartiendo polvo de estrellas a lo largo y ancho de su
carrera, consciente de su potencial se dedicó a alimentar su mito hasta el
final a la manera de las estrellas clásicas, olimpo al que ella pertenece por
derecho. Excesiva, voluptuosa, amada y criticada a la vez, siempre única...
Sara Montiel.
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