Hincha las velas un viento de pasiones encendido y un cante como un lamento sale envuelto entre quejios, dibujando el firmamento de sentimiento y suspiros... La Copla es el pentagrama de un corazón malherido...
miércoles, 8 de mayo de 2019
"Y sin embargo, te quiero" (Quintero, León y Quiroga)
Nos encontramos antes una de las coplas más hermosas jamás escritas y uno de los temas más difíciles de abordar tanto a nivel musical como interpretativo. Fue escrita por Quintero, León y Quiroga para Juanita Reina quién la estrenó en el teatro Reina Victoria de Madrid en 1948 dentro del espectáculo “Salero de España” realizando una creación que sigue resultando antológica y que se convertiría en una de las joyas de su repertorio.
La artista sevillana siempre refirió que era una de las canciones más exigentes a las que se había enfrentado dada la fuerza que requería a la hora de ser interpretada en toda su extensión vocal y dramática. El éxito obtenido por esta zambra propició que Juanita realizase una primera grabación en disco el mismo año de su estreno, que curiosamente no contenía la versión completa del tema, solo aparecía el primer recitativo y la repetición del estribillo tras un pasillo musical. Algunas hipótesis apuntan que la artista no pudo grabar el tema en su totalidad dada su larga duración (más de 5 minutos) y las limitaciones impuestas por los primitivos discos de pizarra de la época, aunque también es posible que en aquel momento se ejerciera cierta censura sobre los versos de la segunda parte en los que la historia se centraba sobre el fruto de los amores ilícitos de la protagonista y el desaire del hombre que la engañó a quién a pesar de todo sigue amando ciegamente… “Vives con unas y otras y “na” se te importa de mi soledad… Sabes que tienes un hijo y ni el apellido le vienes a dar”. Sería Concha Piquer que la incluiría en su último espectáculo “Puente de Coplas”, quién una década después, en 1958, registrase la primera grabación íntegra de esta canción ya con sistema estereofónico en una versión igualmente magnífica y llena de matices como solía brindarnos la artista valenciana. Juanita la volvería a grabar en 1972 ya con la duración original en un disco que repasaba sus principales éxitos.
Sería la artista sevillana quién la llevase también a la pantalla en la película “Vendaval” dirigida en 1949 por Juan de Orduña, que se convertiría a la postre en una de los títulos menos conocidos de su filmografía, hoy en día dificilísimo de encontrar ya que la práctica totalidad de negativos desaparecieron en un incendio conservándose tan solo una copia bastante deteriorada en Sudamérica. En ella la estrella plena de belleza, en su cumbre artística, la interpretaba con la letra ligeramente alterada para adaptarla a la historia que se contaba en el filme. La segunda vez que esta hermosa zambra aparecería en la pantalla lo haría en tono de parodia en la voz de José Sacristán en la comedia "Yo me bajo en la próxima ¿Y usted?" protagonizada junto a Concha Velasco y dirigida por el actor en 1992.
Sin duda alguna la Reina es la artista más asociada a esta bellísima canción y la que más veces la interpretó en los escenarios. La cantó por última vez en el espectáculo “Azabache” estrenado dentro de la Expo de Sevilla de 1992, donde Juanita realizaba un recorrido sentimental a lo ancho y largo de la historia de la Copla junto a mitos como Imperio Argentina, Nati Mistral o Rocío Jurado. En él la artista de 67 años aún daba lecciones de estilo y sabiduría escénica a pesar de que sus condiciones vocales se encontraran ya bastante mermadas.
Además de Juanita, han sido muchos los intérpretes de la canción que se han acercado a esta zambra enamorándose del sentimiento romántico impreso en sus notas, desde la inmortal y ya nombrada Concha Piquer, hasta artistas de la talla de Rocío Jurado, Isabel Pantoja, Ana Belén, María José Santiago, Martirio o Charo Reina. Su hechizo ha cautivado a nuevos valores de la Copla como Pasión Vega, Pastora Soler, Miguel Poveda o Clara Montes, a intérpretes del otro lado del Atlántico como Olga Guillot, La Lupe, Toña la Negra e incluso el dúo Pimpinela, a cantautores como Rozalen e incluso a cantantes Pop como la estupenda Marta Sánchez, que grabó en 1999 una adaptación melódica reafirmando la calidad de este tema en un disco recopilatorio donde varios artistas del momento rendían homenaje a la Copla aprovechando el “revival” del género a partir de los años 90, acercando el legado inmortal de nuestra historia musical a las nuevas generaciones.
martes, 5 de febrero de 2019
"La Blanca Paloma" (1942) Claudio de la Torre
Esta adaptación de la novela de Alejandro Pérez Lugín “La Virgen del Rocío ya entró en Triana” supuso el debut cinematográfico de Juanita Reina, que a la postre se convertiría en la mayor estrella folklórica de la pantalla durante los años 40 del pasado siglo. La película fue inicialmente planteada como un vehículo para la simpática Estrellita Castro, que era una de las figuras más relevantes de la copla y el cine musical, con una estatura casi mítica ya por entonces. Sin embargo el personaje dicharachero y alegre que la artista sevillana desarrollaba habitualmente en la pantalla comenzaba a dar síntomas de agotamiento, lo que jugó como baza a favor de una chiquilla de apenas 17 años que se había alzado como una de las revelaciones del momento con su debut en el espectáculo “Los Churumbeles”. A raíz de este éxito la artista llamó la atención del director Florián Rey propiciando la entrada en el mundo del cine y su presentación en la pantalla como protagonista de esta película. Lo cierto es que el film no pasó de ser una producción mediocre de escaso presupuesto, en un momento en que la industria cinematográfica española se estaba resarciendo de las profundas heridas provocadas por la guerra civil, y con un argumento archisabido, en el que lo único destacable es el atractivo de su protagonista y su talento a la hora de interpretar maravillosamente cuatro coplas de León y Quiroga. Sin embargo abrió el camino para que la artista desarrollase un interesante carrera cinematográfica, que acompañada de sus espectáculos teatrales, la convirtió en poco tiempo en uno de los puntales indiscutibles del cine y la canción española, sentando muchas de sus bases y formando parte de la leyenda del género en su época de máximo esplendor.
El argumento se centraba en las alegrías y desgracias de Esperanza, una señorita adinerada venida a menos y los conflictos derivados de su relación con dos hombres, uno rico y tarambana y otro honrado y trabajador. Todo ello con el telón de fondo de la Feria de Sevilla y la romería del Rocío, donde la devota protagonista obtenía el amor del hombre pobre y leal que la había amado y defendido en silencio durante años. Acompañando a la joven sevillana el galán portugués Tony D´Algy, una de las estrellas olvidadas de nuestro cine que tendría una nutrida carrera en nuestro país durante los años treinta y cuarenta, Félix Fernández, uno de los secundarios imprescindibles del cine español y la actriz Josefina de la Torre, hermana del realizador.
El canario Claudio de la Torre, pionero del cine sonoro español dirige la película de forma artesanal, sin grandes intenciones creativas, ni técnicas, más allá de algunas interesantes secuencias que se mantienen como documento sobre la romería del Rocío y la Sevilla de posguerra. Aunque no tuvo una carrera muy destacada en el cine fue un hombre de gran talento novelista, poeta y dramaturgo además de director.
Al igual que otras obras de Pérez Lugín, como “Currito de la Cruz” o “La casa de la Troya”, este mismo argumento sería llevado a la pantalla en otras dos ocasiones. La primera “Sucedió en Sevilla” (1955) dirigida por José Gutiérrez Maesso fue producida y protagonizada nuevamente por una Juanita Reina ya en su madurez, bastante más interesante como actriz y cantante que en su predecesora. Y la segunda en color dirigida en 1966 por Rafael Gil con el título de “Camino del Rocío”, con Carmen Sevilla en el papel de la “señíta Esperanza” y Paco Rabal y Arturo Fernández como los galanes que se disputan el amor la protagonista. Esta última versión rodada completamente fuera de tiempo, en pleno apogeo de la música pop, evidenció el agotamiento del género y las viejas fórmulas que habían causado furor dos décadas antes, aunque la belleza y gracia de su protagonista y la sabiduría de su director hacen que el espectáculo aún funcione con cierto encanto trasnochado no exento de eficacia.
jueves, 10 de mayo de 2018
"La Lola se va a los puertos" (1947) Juan de Orduña
Esta adaptación a la pantalla de la popular obra de los hermanos Machado, fue uno de los más importantes taquillazos del cine español de los años cuarenta, convirtiendo a su protagonista, Juanita Reina, en una de las estrellas indiscutibles del celuloide folklórico. Desde la semirretirada de Imperio Argentina, que fue la primera opción de Orduña para el papel, y Estrellita Castro el musical patrio se encontraba yermo de figuras cinematográficas y la Reina brilló en estos años ocupando el espacio que habían dejado huérfano estas importantes figuras, a la espera del nuevo filón generacional que comenzaría a despuntar a finales de la década de los cuarenta en el rostro y la voz de Carmen Sevilla, Lola Flores y Paquita Rico, las tres principales estrellas que darían impulso al género prácticamente hasta su desaparición como fenómeno de producción masiva en la pantalla.
A pesar de ciertas reticencias iniciales, ya que la actriz contaba tan solo 25 años cuando la protagonista de la obra es una mujer entrada en la cuarentena, Juanita es el alma de la película y Orduña con su intuición y sabiduría para fabricar luminarias sabe fotografiarla y rodearla de una aureola mítica, que la convierte en representante de la copla errante y el sentimiento de un pueblo, que busca reivindicar en el lamento de sus notas la emoción de su alma poética y apasionada. De todo ello da habida cuenta el fantástico plano final, en el que el rostro de la protagonista se funde con las olas de un mar agitado a los acordes de “Una cantaora”, una de las mejores creaciones de León y Quiroga, mientras una voz en off (el propio Orduña) recita los célebres versos de los Machado que dimensionan su figura introduciéndola en la leyenda:
“Ni
una, ni uno,
Cantaora
o cantaor,
Ni
los vivos ni los muertos,
Cantó
una copla mejor
Que
la Lola…
Esa
que se va a los Puertos
Dejando
la Isla sola.”
La película fue concebida como una producción de altos vuelos,
contando con unos medios importantes para aquellos años de postguerra. El
propio Orduña ejerció el papel de productor junto a su protagonista, aunque la
cinta sería distribuida por Cifesa, que era la compañía cinematográfica
española más importante de la época, lo que garantizo su exhibición en todas
las salas del territorio nacional con enorme éxito. Sin duda una parte
importantísima del mismo se debe a las canciones del filme que en la voz “de
oro” de Juanita Reina adquirieron una inmediata popularidad refrendada en los
espectáculos de la estrella sevillana. Entre las mismas se encuentra el
celebérrimo pasodoble “Francisco Alegre” un de los puntales del repertorio de
la artista y de la copla en general.
Acompañando el protagonismo absoluto de la tonadillera se encuentran algunos de los actores más importantes del momento. Manuel Luna como el sobrio y fiel Heredia, Jesús Tordesillas y Ricardo Acero como el padre y el hijo en disputa por los amores de Lola y Nani Fdez como la remilgada Rosario, prometida del galán y contrapunto del temperamento espontáneo y saleroso de la protagonista que desencadena el drama. Como anécdota reseñar que en un pequeño papel de figurante se puede vislumbrar a un jovencísimo Paco Rabal, que iniciaba por entonces su andadura profesional.
Esta “Lola” es por tanto un ejemplo muy digno de cine folklórico que sentaría muchas de las bases del género tras la guerra civil, periodo en el que el cine musical se acartonó perdiendo parte de la frescura y dinamismo de los títulos rodados a principios de los años treinta por Florián Rey o Benito Perojo entre otros. Parece ser que el propio Orduña tuvo en mente durante años realizar una nueva versión en color del asunto, que le ofrecería inicialmente a una madura Juanita Reina en un momento mucho más acorde para interpretar el personaje y posteriormente a una Sara Montiel ya en su declive como estrella de cine a finales de los años 60, pero de un modo u otro el proyecto nunca llegó a ver la luz. No sería hasta 1993 que la obra fuese llevada de nuevo a la pantalla bajo la dirección de Josefina Molina, que realizaría una adaptación mucho más fiel a la versión de los Machado para mayor gloria de la inolvidable Rocío Jurado, en la que un magnífico Paco Rabal, figurante en la película de los años cuarenta, interpretaba el papel del hacendado Don Diego, como si la magia del cine hiciera de algún modo un guiño uniendo presente y pasado.
Un título clave en la filmografía de Juan de Orduña y ocasión de entender un modo de hacer cine de uno de los directores que más éxitos dio a la historia de nuestro cine, a la par que uno de los más controvertidos e injustamente vilipendiados con el paso del tiempo, cuya obra merece una sincera revisión.
Acompañando el protagonismo absoluto de la tonadillera se encuentran algunos de los actores más importantes del momento. Manuel Luna como el sobrio y fiel Heredia, Jesús Tordesillas y Ricardo Acero como el padre y el hijo en disputa por los amores de Lola y Nani Fdez como la remilgada Rosario, prometida del galán y contrapunto del temperamento espontáneo y saleroso de la protagonista que desencadena el drama. Como anécdota reseñar que en un pequeño papel de figurante se puede vislumbrar a un jovencísimo Paco Rabal, que iniciaba por entonces su andadura profesional.
Esta “Lola” es por tanto un ejemplo muy digno de cine folklórico que sentaría muchas de las bases del género tras la guerra civil, periodo en el que el cine musical se acartonó perdiendo parte de la frescura y dinamismo de los títulos rodados a principios de los años treinta por Florián Rey o Benito Perojo entre otros. Parece ser que el propio Orduña tuvo en mente durante años realizar una nueva versión en color del asunto, que le ofrecería inicialmente a una madura Juanita Reina en un momento mucho más acorde para interpretar el personaje y posteriormente a una Sara Montiel ya en su declive como estrella de cine a finales de los años 60, pero de un modo u otro el proyecto nunca llegó a ver la luz. No sería hasta 1993 que la obra fuese llevada de nuevo a la pantalla bajo la dirección de Josefina Molina, que realizaría una adaptación mucho más fiel a la versión de los Machado para mayor gloria de la inolvidable Rocío Jurado, en la que un magnífico Paco Rabal, figurante en la película de los años cuarenta, interpretaba el papel del hacendado Don Diego, como si la magia del cine hiciera de algún modo un guiño uniendo presente y pasado.
Un título clave en la filmografía de Juan de Orduña y ocasión de entender un modo de hacer cine de uno de los directores que más éxitos dio a la historia de nuestro cine, a la par que uno de los más controvertidos e injustamente vilipendiados con el paso del tiempo, cuya obra merece una sincera revisión.
domingo, 21 de enero de 2018
Carmen Sevilla... La etapa dorada en el cine (2ª Parte)
Con "El sueño de Andalucía" (1950) junto a Luis Mariano se convierte en estrella, no solo en España sino en Francia, donde Luis Mariano era un auténtico ídolo. La película dirigida por Luis Lucia en la versión española y Robert Vernay en la francesa, alcanzó una rápida popularidad gracias al encanto y simpatía de Carmen y a la voz única de Mariano, que convertiría todas las canciones de la cinta en éxitos fabulosos, especialmente el pregón "El Botijero", que Mariano cantaba por las calles de un imaginario pueblo andaluz con su sempiterna sonrisa y optimismo a ultranza. Planteada como un gran producción, daría a "Carmencita" la oportunidad de proyectar su imagen más allá de nuestras fronteras, su belleza y arte traspasarían la pantalla conquistando el corazón de los franceses, lo que se tradujo en la colaboración en varias coproducciones con el país vecino, como el melodrama ambientado en el mundo del cine con la participación de la "vamp" Martine Carol titulada "El deseo y el amor" (1951), un musical con el "chansonier" Georges Guetary, "Pluma al viento" (1952) y una comedia con el ídolo nacional Fernandel, "El amor de Don Juan" (1956) entre otras.
Ninguno de estos títulos adquirió de lejos el impacto de su siguiente película junto a Luis Mariano, "Violetas Imperiales" (1952), convirtiéndose en uno de los filmes fundamentales de su carrera y uno de los títulos emblemáticos de nuestro cine. La película era una producción muy cuidada y con un tema predilecto de la tonadilla de siempre, la historia de la Emperatriz Eugenia de Montijo y la gitanilla que lee su destino en las rayas de la mano. Un cuartero de canciones pegadizas inmortalizadas por las soberbia voz de Mariano y la espectacular belleza de Carmen hicieron las delicias del público dentro y fuera de nuestro país, colocándola en un lugar de privilegio, a la cabeza de las actrices de la pantalla española. En los años siguientes dos avispados productores se repartirían a la estrella con gran fortuna para ambos, Benito Perojo y Cesáreo González, dando una proyección de primer orden a su carrera.
"La Bella de Cádiz" (1953) una pandereta desmadrada llena de falso pintoresquismo, que había abierto al tenor irunés las puertas del teatro en Francia, sería su última colaboración juntos. Sin Mariano protagonizaría dos de los títulos más folklóricos de su carrera junto al galán Jorge Mistral, con quién formaría otra "parejita ideal de tarjeta postal". El primero de ellos sería la tercera versión de la novela de Palacio Valdés "La hermana San Sulpicio" (1952), con el archiconocido tema de la señorita andaluza metida a monja dicharachera y cantarina, en el que estuvo magnifica aunque sin borrar el recuerdo de la gran Imperio Argentina, su predecesora cinematográfica. El segundo filme sería un tremendo melodrama titulado "Un caballero andaluz", donde interpretaba a la gitanilla ciega "Colorín" capaz de cambiar con su alegría y bondad la vida de todos cuantos le rodean recuperando como premio la vista y llevándose a Mistral al altar.
Llegado este punto Perojo produjo un delicioso vehículo pensado completamente a su servicio basado en la obra de Alarcón "El sombrero de tres picos" dirigida por el argentino León Klimovsky, "La pícara molinera" (1954). La interpretación de Carmen llena de desbordante vitalidad superó con creces a la encarnación que del mismo tema rodaba por entonces Sofia Loren a las órdenes de Vittorio De Sica en Italia con el título de "La bella campesina". Pero todas sus intervenciones anteriores quedaron borradas ante su formidable Catalina de "La fierecilla domada" (1955), realizada con su sabiduría habitual por Antonio Román según la célebre obra de Shakespeare, que le valió el premio a la mejor actriz concedido por el Sindicato Nacional del Espectáculo de aquel año. Carmen sorprendió a propios y extraños con una interpretación llena de fuerza y sabiduría, demostrando lo mucho que podía dar de sí como actriz bien dirigida en el papel adecuado, como volvería a demostrar dos años después en "La Venganza" (1957), una de sus películas más ambiciosas dirigida por Juan Antonio Bardem, en la que daba vida a la campesina Andrea, un personaje duro y difícil que la desnudaba de cualquier artificio. Por primera vez en su carrera el argumento y la historia estaban por encima de la actriz y no a su servicio y ella aprovechó esta oportunidad para ofrecer nuevos registros hasta entonces nunca vistos en la simpática y dicharachera estrella. Situada en medio de un triángulo formado por dos actores excepcionales, el italiano Raf Vallone y el español Jorge Mistral, ofrecería una de las mejores interpretaciones de su carrera en este drama rural con el mensaje de la reconciliación nacional como telón de fondo. Debido a su carga política el filme sufrió las iras de la censura franquista que acortó su metraje en cerca de una hora. No obstante la cinta fue nominada a los Oscars de Hollywood en la categoría de mejor película en lengua extranjera, que aquel año ganó la comedia de Jacques Tati "Mi tío" (Mon Oncle)... (continuará)
lunes, 25 de diciembre de 2017
Lola Flores... Triunfo en España y América" (3ª parte)
Tras su separación de Caracol en 1952, firma un famoso contrato con el productor cinematográfico Cesáreo González por la astronómica cifra de dos millones de pesetas de la época, que incluía el rodaje de varias películas y presentaciones personales en la América hispanoparlante. El primer título de su compromiso con el productor gallego sería una entretenida cinta de bandidos, "Estrella de Sierra Morena" (1952), llena de falsos tópicos y el irresistible flamenquismo barroco sobre el que se comenzaría a cimentarse su leyenda. Ella era la hija del corregidor criada desde pequeña por una partida de bandoleros generosos, que al crecer sin ser consciente de su condición se enamora de un capitán de Migueletes con el rostro y la figura de Rubén Rojo, galán con el que la artista viviría un corto romance fuera de la pantalla. Además del arte de Lola, una vez más se usaba el reclamo del Cinefotocolor para aumentar el atractivo de la historia. Dirigió el inevitable Ramón Torrado, realizador de la mayor parte de la producción folklórica de los años cincuenta. Tras el rodaje Lola parte rumbo a México a cumplir con la siguiente parte de su contrato.
lunes, 4 de diciembre de 2017
Carmen Sevilla... La novia de España (1ª parte)
Poseedora de una belleza soberana y una simpatía arrebatadora, la dama de las ovejitas fue en su juventud "la novia de España", la sonrisa más sana y feliz exportada allende nuestras fronteras. De la mano de Luis Mariano se convirtió en una estrella cinematográfica de primera magnitud, gracias sobre todo a esas "Violetas Imperiales" con las que conquistó al público dentro y fuera de nuestro país, pero antes del feliz encuentro con "el príncipe de la Opereta" la simpática Carmencita llevaba rodadas seis películas en las que ya había dejado patente su fotogenia y su talento para el cante y el baile, que la convertirían en una de las favoritas de la década de los cincuenta, formando junto a sus amigas y comadres Lola Flores y Paquita Rico lo que dio en llamarse "el triunvirato del cine folklórico" o en palabras del siempre ocurrente Terenci Moix "El filón del Osú".
Cuando ya asentada su carrera se le dio la oportunidad de abordar proyectos de mayor calado descubrimos con admiración que además podía ser una buena actriz, sin duda alguna la más versátil y cinematográfica de cuantas estrellas de la canción andaluza surgieron al amparo del esplendor del género en la pantalla, con el permiso de Paquita Rico, aunque Carmen tendría a la larga una carrera más interesante y duradera que esta otra. De todas ellas Carmen fue la que desempeñó un papel más moderno, seguramente porque su físico y su voz se alejaban un tanto de la imagen racial al uso. Vino a representar un papel parecido al de las vecinitas de enfrente del cine americano. Aunque hubo concesiones al folklore tradicional siempre estuvo más cercana a la novia confidente, la compañerita ideal, la amiga cercana, que al carácter pasional de Paquita o el temperamento arrebatador de Lola. Como ella misma proclamaba en su canción bandera siempre fue aquella "Carmen de España, cristiana y decente", nunca sorprendería con hijos a destiempo, amores encontrados, ni pasiones contradictorias. Carmencita fue durante años la mayor representante de las virtudes de "la raza" y como tal se la mimó tanto artística como socialmente. Su carrera e imagen fueron sabiamente cuidadas dosificando las dosis de ternura, sofisticación y controlada sensualidad a partes iguales. Porque no podemos olvidar que Carmen era, como se decía entonces, una real hembra que siempre jugó al erotismo inocente aunque repleto de picardía, capaz de protagonizar el despertar sexual de toda una generación.
Carmen García Galisteo nació el 16 de Octubre de 1930 en Sevilla. Hija del letrista de canciones andaluzas José García Padilla, más conocido como "Kola", fue tentada por el gusanillo del arte desde edad muy temprana. Con tan solo trece años debutó en la compañía de Estrellita Castro, amiga de su padre, en el espectáculo "Rapsodia Española". Posteriormente formó parte de las compañías de El Príncipe Gitano, Paco Reyes y el Marqués de Montemar, en la cual se encontraban también dos jóvenes talentos destinados a convertirse en primerísimas figuras cada una en su estilo, Paquita Rico y la bailarina Ana Esmeralda. La carrera artística de Carmen y Paquita está trazada con cierto paralelismo, ya que las dos interpretaron papeles que en algún momento alguna de ellas rechazó y las dos fueron probadas para el personaje protagonista de "Serenata Española", (1946) de Juan de Orduña, que terminaría interpretando Juanita Reina. En cualquier caso Carmen logró hacerse con un pequeño papel en aquella película, una biografía de Isaac Albéniz, que se convertiría en su desconocido debut en la gran pantalla. Un año antes en 1945 había participado con un papel sin frase en el documental de Domingo Viladomat "Hombres ibéricos" donde se hacía patente su excepcional fotogenia, en cualquier caso su primera intervención destacable la realizaría coprotagonizando junto al astro latino Jorque Negrete la película "Jalisco canta en Sevilla" (1947), considerándose este el verdadero arranque de su carrera cinematográfica. Recibiendo su primer beso del Charro por excelencia, Carmencita entra en el mundo del cine por la puerta grande y con una proyección importante para una debutante, dado que la cinta era la primera coproducción con México realizada en nuestro país.
Su siguiente filme también tendría carácter de coproducción, en este caso con Argentina, aunque "La guitarra de Gardel" (1948) fue una rutinaria historia planteada para el lucimiento del cantante de tangos Agustín Irusta, donde se limitó a poner encanto en su baile y decorar con su presencia las hazañas del protagonista. Secuestrada en adelante por el cine se convirtió en la prometida "del hijo" de Conchita Piquer, en uno de las escasas incursiones en el cine de la reina de la copla en "Filigrana" (1949) dirigida por el veterano Luis Marquina con su habitual sabiduría. Hasta ese momento Carmen se había limitado a ser el contrapunto de grandes figuras de la canción en filmes montados para el lucimiento de dichas estrellas, pero en su siguiente película "La Revoltosa" (1949) recibiría su primer protagonista absoluto. Poco importó que su voz fuese doblada en los diálogos, su frescura interpretativa y su belleza se hicieron limpiamente con el papel de la célebre Mari Pepa, lo mismo que sucedería con el simpático casticismo del excelente Felipe interpretado por un jovencísimo Tony Leblanc en una de sus primeras intervenciones importantes. Tras el éxito de este filme se pondría a las órdenes del mítico Florián Rey en "Cuentos de la Alhambra" (1950) basado en la novela de Washington Irving y tendría su primer encuentro con una de sus parejas ideales, al que permanecerá eternamente asociada en la memoria sentimental de varias generaciones, el inolvidable Luis Mariano... (continuará)
domingo, 3 de diciembre de 2017
Coplas inmortales... "Pena, penita, pena" (Quintero, León y Quiroga)
Escrita para Luisa Ortega, hija del inolvidable Manolo Caracol, fue estrenada por esta en el espectáculo "Copla nueva" en 1951, donde aparecía junto a su padre en un intento de remendar la mítica pareja que el cantaor había formado junto a Lola Flores, cuya reciente separación había sembrado de incertidumbre su continuidad en los escenarios. Sería precisamente la temperamental Lola quién popularizase esta copla en una estremecedora versión incluida en la película del mismo título que "la Faraona" rodaría en México como parte de su contrato con Cesáreo González en tierras americanas. La interpretación de Lola es arrebatadora, no solo consiguió hacer suyo cada compás sino que en adelante esta sería una de las piezas angulares de su repertorio, aún hoy asociada a su memoria, relegando a un segundo plano a su creadora original.
Lo cierto es que Luisa Ortega no tuvo la suerte que su voz y personalidad merecían. Fue una magnífica cantante, pura y racial, a la que le cayó en suerte la difícil papeleta de reemplazar la fuerza de Lola en los escenarios, ya que para el público el recuerdo de la gaditana iba inevitablemente asociado al de su padre, comparanza en la que cualquier artista saldría mal parado. No sería esta la única creación de Luisa que Lola hiciera célebre por todo el mundo, igual caso se daría con otra zambra famosa "Limosna de amores", estrenada también por ella y popularizada a través del cine y la canción por Lola con formidables resultados.
La historia de la canción española está llena de casos similares, los autores eran los dueños y señores de sus obras y aunque las escribiesen pensando en una artista o espectáculo concretos, las cedían a otras estrellas del género con el afán de rentabilizarlas o como en el caso que nos ocupa popularizarlas por todo el mundo, ya que la proyección de las figuras del cine no tenía parangón con las del teatro en ese momento.
Esta inmortal zambra dramática y excesiva hasta la locura ha sido fuente de inspiración para muchos otros, aunque ninguno ha conseguido superar la vibrante interpretación de Lola Flores, pieza clave de todo el repertorio, lo que hizo que durante muchos años ningún artista se atreviese con ella. Sin embargo ha tenido singulares versiones en boca de Carlos Cano, Joan Manuel Serrat, Malú, Isabel Pantoja, Lolita, Falete, la actriz Gala Évora en la biografía que interpretó para la pantalla sobre la vida de Lola y Clara Montes entre otros... Incluso el trío latino Los Panchos se hizo eco de esta bellísima copla en una versión dulce y aterciopelada como su música.
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